Zinedine Zidane, entrenador del Real Madrid.
Zinedine Zidane, en una rueda de prensa previa a un encuentro de Liga de Campeones. EFE

Cuando Rafa Benítez fue destituido como entrenador del Real Madrid en enero de 2016, muchos argumentaron el excesivo intervencionismo del técnico madrileño como punto clave en el desapego que la plantilla sentía hacia él. Un cambio de registro demasiado grande en comparación a un Carlo Ancelotti conocido por su buena gestión de vestuarios repletos de estrellas, que han vivido de forma más cómoda bajo su mandato.

Es cierto que este registro también ha sido objeto de crítica contra el ya exentrenador del Bayern de Múnich, hasta el punto de que Arjen Robben llegó a afirmar después de su despido que su hijo de nueve años "entrena más que nosotros".

Esa posible poca intensidad a nivel de entrenamientos fue uno de los motivos por los que el Real Madrid decidió apostar por Benítez como relevo de Ancelotti, un perfil que no funcionó, y que precedió al indiscutible éxito bajo el mando de Zinedine Zidane.

Zidane, ¿alineador o estratega?

Llegados a este punto, se ha generado un gran debate en torno a la figura del actual entrenador del Real Madrid. Su carácter jovial, la buena gestión del vestuario y el hecho de que en los casi dos años y medio que lleva al frente del equipo blanco no se recuerde prácticamente ninguna polémica con alguno de sus futbolistas, ha provocado que haya una corriente de opinión que defiende que su gran valor como técnico es la gestión de la plantilla desde un punto de vista más anímico.

Sin embargo, algunas de las decisiones que ha venido tomando abren una línea de opinión distinta, que sitúa al francés entre uno de los mejores entrenadores del momento. La inclusión de Isco en el once inicial durante el tramo final del pasado curso y el paso a jugar con un centrocampista extra, si bien es cierto que vino empujado por los problemas físicos de Gareth Bale, fue una apuesta táctica muy relevante, que modificaba radicalmente el plan de juego inicial, que contaba con el galés y Cristiano Ronaldo como extremos.

Isco significó jugar con un centrocampista extra, llevó a Cristiano Ronaldo a pasar más tiempo a zona de remate, y potenció la presencia de Carvajal y Marcelo en ataque, obligados a llevar todo el peso en las bandas. Una medida que parecía definitiva teniendo en cuenta el excelente nivel mostrado por el malagueño. Sin embargo, las dudas mostradas en todo el tramo inicial de la presente temporada llevaron al francés a buscar una tercera opción, a pesar de tener que sacrificar lo que sí parecía innegociable; el trío Casemiro-Modric-Kroos.

Los malos resultados de principio de temporada se relacionaron con falta de acierto en el remate, pero es cierto que la situación de los mismos no fue tan cómoda como se había visto en el pasado. La apuesta por prescindir de un centrocampista interior y dar las bandas a Lucas Vázquez y Asensio dinamizó los ataques, surtió de más y mejores balones a Cristiano Ronaldo, y además reactivó a Carvajal y Marcelo, que con un apoyo cercano, comenzaron a mostrar de nuevo la soltura exhibida la temporada pasada. Con dos Champions ganada en dos intentos y un pie y medio en las semifinales de otra, la pregunta es clara: ¿es Zidane un mero alineador?