Guillermo Bogas y Marina Damlaimcourt
Marina Damlaimcourt es sostenida en volandas por Guillermo Bogas delante de unas instalaciones de la NASA. CORTESÍA DE GUILLERMO BOGAS

Que el entorno laboral es proclive a gestar parejas, simple solapamiento de tiempos y convivencias, lo esbozan las impresiones y lo refrendan, incluso, los estudios. En 2008, según el Centro de Investigaciones Sociológicas, hasta un 13% se habían acuñado así en España. Y el deporte, actividad humana como otra cualquiera, para una élite un modo de vida, un trabajo en suma, no es una excepción. Un ejemplo, reciente, llega desde el triatlón, con Mario Mola y Carolina Routier. El balear y la gerundense coincidieron el pasado domingo 21 de junio en lo más alto de un podio, el de la 27.ª edición del Garmin Barcelona Triathlon.

Las mismas competiciones, los mismos viajes, los mismos premios… Se acaba compartiendo una forma de vidaQuizá no sea muy habitual asistir a la victoria de una pareja en una misma prueba, pero lo cierto es que en este deporte, por sus exigentes particularidades, por su severa rutina de entrenamientos, se intuye un mayor número de compañeros sentimentales. Mola y Routier no son una excepción en una disciplina que le exige mucho al corazón. Tras Nadar, pedalear y correr, sí, también queda tiempo para sentir.  Tanto en la cúspide como mucho más debajo de la pirámide. "Aunque una doble victoria como ésta sería mucho más difícil, por no decir imposible, en las Series Mundiales", manifestaba Routier el pasado domingo tras su éxito.

"Sí es muy habitual el tema de las parejas en el triatlón. Es una pasada. Una mayoría de mis parejas amigas son los dos practicantes y a nivel profesional es algo bastante común”, admite el madrileño Guillermo Bogas, excorredor de bicicleta de montaña, actual practicante del deporte de las tres disciplinas y esposo de Marina Damlaimcourt, triatleta olímpica en los Juegos de Londres y también entrenadora. "Que haya tantas parejas entre los ‘pro’ se debe, a diferencia de otros deportes, en que en el triatlón la presencia de la mujer tiene mucha repercusión. Es parte muy muy presente de este deporte. Las mismas competiciones, los mismos viajes, los mismos premios… Se acaba compartiendo una forma de vida", aporta. "Puede ser visto bien como endogamia bien como el medio donde ellos sociabilizan. Su lugar de trabajo es además su espacio de ocio", considera la atleta Sonia Bejarano.

La lista es generosa. Varias muestras: Javier Gómez Noya, icono mundial de esta modalidad, mantiene una relación con la neozelandesa Anneke Jenkins; la australiana Mirinda Carfrae se casó en 2013 con  el estadounidense Tim O’Donnell, todo un matrimonio de ganadores de Ironman. Los gallegos Aída Valiño y Gustavo Rodríguez, los vascos Ainhora Murua y Jon Unanue….Y en una vertiente más universal el australiano Sam y la estadounidense Laura Bennett, los británicos Mark y Helen Jenkins, los estadounidense Trevor y Heather Wurtele, el sudafricano James Cunnama y la británica Jodie Swallow,…

"En todos los deportes hay parejas; tiene su lógica cuando compartes horas, muchos desplazamientos y además algunos muy largos… Es más fácil que tu pareja también sea triatleta, o deportista, que no alguien que no hace deporte. Es el día a día, es algo absolutamente normal", considera la alicantina Tamara Gómez, la pareja desde hace unos dos años del canario Vicente Chente Hernández. "Nosotros entrenamos con el grupo de Carlos David Prieto, el técnico de Gómez Noya. A veces sí coincide que entrenamos juntos, como por ejemplo la bicicleta, y otras que no. Luego, claro, compartes muchas cosas",  narra la ganadora esta temporada de la Copa del Mundo de Mooloolaba, allí donde su pareja se colgó el bronce en la competición masculina.

También están los que, contagiados por el esfuerzos de sus cónyuges, se involucran en el triatlón bien del todo o bien, por coyunturas deportivas, más aún. Puede ser el caso de Jarrielle Jacobs, la esposa de otro campeón en Hawái como el australiano Pete Jacobs. O de la atleta extremeña Sonia Bejarano, recientemente casada con Jaime Menéndez de Luarca, técnico deportivo y todo un clásico de esta disciplina en España. O el de Arkaitz Mirandilla, novio de la pontevedresa Saleta Castro. "Yo soy atleta profesional y mi marido es triatleta de grupos de edad  y, como le suelo decir, es un profesional del triatlón, no un triatleta profesional, pues su trabajo se basa en este mundillo, no necesariamente en su práctica. Nuestra mezcla ha funcionado bien. Dos atletas de élite de diferentes deportes es asunto complicado. Diferentes temporadas, escenarios, viajes… complicado hasta para coordinar vacaciones y disfrutar del tiempo justo… Mario y Carolina están en el mismo circuito y tienes las cosas claras", valora Bejarano.