Rubén Fernández
El ciclista murciano Rubén Fernández, durante el Tour del Porvenir 2013. RFEC

Andan los primeros espadas del profesionalismo ciclista español bastante consolidados en la treintena, que si Purito, que si Valverde, que si Contador, que si Sánchez, y andan frisando ya esas edades algunos de sus lugartenientes. En un contexto de calendario y estructuras deportivas menguantes, menos carreras y también menos equipos, el ciclismo español esboza lo que parece una crisis de natalidad importante. Y lógica. A menos carreras y menos equipos, menos neoprofesionales. Porque es difícil exportar mucho en la globalización. Menos futuro. Y por tanto, un estrechamiento de las canteras. Profesional desde este año de la mano del  Caja Rural navarro, el murciano Rubén Fernández será uno de los corredores que compita este viernes en la prueba sub-23 de los Mundiales de la Toscana. Una buena baza, dicen del corredor que ha protagonizado este verano una de las mejores noticias del año ciclista. 

Nosotros somos los que tenemos que hacer que crean en nosotros

Y es que durante el verano el de Churra ganó el Tour del Porvenir, el undécimo español que logra esta prestigiosa ronda francesa que esboza (pero que no asegura, claro) grandes cosas para el futuro. Una carrera que estos últimos años han ganado el ruso Denis Menchov (2001), el holandés Bauke Mollema (2007), el belga Jan Bakelants (2008), el colombiano Nairo Quintana (2010) o el francés Warren Barguil (2012, ganador de dos etapas en la pasada Vuelta) y que en su día se apuntaron los Felice Gimondi, Joop Zoetemelk, Greg Lemond, Miguel Indurain o Laurent Fignon. "El problema es que no hay equipos, no que no haya gente joven. Los Izagirre o los Herrada demuestran que hay nivel, pero no hay oportunidades. ¿Y cómo?  En la categoría amateur muchos ciclistas huyen, cuelgan la bici por aburrimiento porque no le ven futuro", dice Fernández.

El murciano ganó el Tour del Porvenir con un ataque en La Madeleine en la cuarta etapa, un demarraje a más de siete kilómetros de su cumbre con el que obtuvo unas rentas que después se dedicó a administrar ante algunos ciclistas que le marcarán este viernes en Florencia. "Lo del Tour del Porvenir fue una sorpresa. Mi idea era hacer entre los diez primeros y ganar una etapa. Eso era un botín majo y sabía que era capaz. Pero ataqué y en poco terreno me planté con 30 segundos. La verdad es que había estado con el equipo en la Volta a Portugal, lo que me dio un buen punto de forma. Porque antes, en la Ruta del Sur, sufrí una caída, me tuvieron que operar de una clavícula y estuve dos semanas sin tocar la bicicleta", desarrolla en conversación con 20minutos.es días antes de saberse convocado para los mundiales.

El escayolas, así le conocen (en un mundillo muy dado a los motes) por las ocupaciones familiares, se considera sobre todo escalador. "Me defiendo bien en la crono, aunque siempre dependemos del estado de forma. Pero lo mío es subir", dice. Los que le conocen más le descasillan. "No es un escalador, es un corredor muy completo", dicen de un chaval de 22 años que para 2014 tiene contrato con el Caja Rural navarro. "Empecé a jugar al fútbol con los amigos, pero no me terminaba de llamar. Probé con la bicicleta, porque un tío mío y un hermano competían y también tenía un vecino, Ismael García, que corría en el Plastimer, uno de los mejores equipos del campo aficionado", recuerda. "Lance Armstrong era mi ídolo por su manera de correr. Pero luego confesó. Un mentiroso compulsivo. Me defraudó", lamenta un Fernández que cree que cada día el ciclismo está más limpio y que también cree saber cuál es la receta: "Nosotros somos los que tenemos que hacer que crean en nosotros".