La nadadora Melani Costa
La nadadora Melani Costa, en la piscina del CAR de San Cugat. MIQUEL TAVERNA

Es difícil comprender que la campeona del mundo de 400 metros libres y bronce en 200 libres en piscina corta (25 metros), el pasado año en Estambul (Turquía), compita en los Mundiales de Natación de Barcelona (50 m) gracias a lo que le deja su familia y al dinero que gana en alguna que otra competición fuera de España. Así es la crisis en un deporte de élite minoritario. Sin embargo, Melani Costa (Palma de Mallorca, 24 de abril de 1989) no quiere dar pena y solo piensa en los éxitos que puede conseguir en la piscina olímpica del Palau Sant Jordi, donde comenzará a competir el domingo.

¿Empieza a sentir los nervios?
Estoy muy tranquila. Solo me pongo nerviosa cuando me lo preguntan (risas).

Por ahora, los nadadores están en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de San Cugat. ¿Eso les mantiene al margen y más concentrados?
Estamos más tranquilos y las instalaciones son muy buenas, pero yo vivo todo el año aquí y se me hace duro. Me encantaría estar ya en Barcelona.

Me parecieron fatal los pitidos al himno español. No debieron mezclar deporte y política

Competirá en 100, 200 y 400 libres, ¿cuál es su prueba preferida?
Los 400. Me veo mucho mejor y más fuerte que en los JJ.OO. de Londres 2012. El objetivo mínimo es entrar en la final. Como en 200.

En Londres, en esas dos pruebas quedó novena, fuera de las finales, por céntesimas.
Sí. Me sentó tan mal que he trabajado mucho para que no me vuelva a ocurrir. En vez de venirme abajo, me crecí.

¿Ha visto ya el Palau Sant Jordi, donde nadará?
Estuve allí el día de la presentación de los equipos, pero sin las calles ni nada. La impresión es increíble. Al entrar, me imaginé a la gente con pancartas con mi nombre y me emocioné.

¿Qué le parecieron los pitidos al himno español?
Fatal. No debieron mezclar deporte y política. Que reivindiquen lo que quieran, pero no en un acto así porque en el equipo español no solo había catalanes y creo que era un momento para apoyar al equipo. Sin quererlo, de cara al exterior también les viene mal porque compañeros de otros países no entendían que en nuestro propio país no se respete ni a nuestro himno. Tiran piedras contra su propio tejado.

Mireia Belmonte, Duane Da Rocha, usted... ¿La natación española femenina está en su mejor momento?
La verdad es que sí. Estamos muy fuertes y no solo en natación. También en sincro, en waterpolo... Y pasa en más deportes. Las chicas hemos aumentado mucho nuestro nivel. Estamos pididendo nuestro hueco y nos está saliendo bien.

Después de Londres 2012, me crecí en vez de venirme abajo

¿Cómo es la convivencia con una doble medallista olímpica (dos platas) como Mireia Belmonte?
Va a la suyo. Como todas. Me es indiferente. Su presencia ni nos beneficia ni nos perjudica. Ella entrena en su club y nosotras en el CAR. No hay relación.

¿Se echa de menos a Michael Phelps?
¡Claro que sí! Ojalá hubiera aguantado un poco más y se hubiera retirado aquí, en Barcelona.

¿Por qué era tan bueno?
Por su facilidad para competir y para ganar. El resto de nadadores, que nos tiramos tantas horas en el agua entrenándonos y nos cuesta tanto mejorar un poco, nos damos cuenta de que él lo hacía constantemente y en pruebas diferentes. Es para adorarle. Ahora tenemos a Ryan Lochte, pero no será lo mismo.

Entre 2008 y 2010, se entrenó en EE UU. ¿Cuánto influyen en los éxitos norteamericanos los métodos de entrenamiento?
Mucho. Yo estuve en la Universidad de Florida, pero en todas las universidades los grupos son muy extensos y te entrenas, por ejemplo, con 15 olímpicos y cuatro campeones del mundo. Cuando estás cada día con ellos, te das cuenta de que no son de otro planeta. No les ves tan lejos y piensas que puedes superarles. Yo gané mucha confianza.

Me parece
muy mal que
una nadadora con mi nivel no tenga ninguna recompensa y esté viviendo así
¿Qué estudió allí?
Empecé Medicina, pero lo tuve que dejar y ahora estoy haciendo Fisioterapia. Voy muy lenta. Después de ocho horas de entrenamiento al día no apetece luego estudiar. Cuando deje de nadar, me pondré las pilas.

¿Cómo nota la crisis?
No tengo beca ni del Comité Olímpico Español (COE) ni de la Federación Española de Natación. Lo estoy pasando mal.

¿Y cómo sobrevive?
Con la ayuda de mi familia y algún dinerillo que gano en alguna competición fuera de España. Me parece muy mal que una nadadora con mi nivel no tenga ninguna recompensa y esté viviendo así.

¿Piensa en Río 2106?
Sí. Mi mentalidad está puesta allí. Me gustaría disputar mis terceros Juegos. Tendré 27 años y luego veré si me retiro.

¿Qué manías tiene antes de competir?
Muevo muchos los dedos de las manos. No paro. Y me coloco las gafas 1.000 veces. No escucho música antes de competir porque me pongo nerviosa, pero una o dos horas antes sí que oigo a Muse.

El pelo de un nadador es
caso perdido: quemado y rubio

¿De dónde viene su segundo apellido, Schmid?
Mi madre es alemana. Hace 40 años llegó a Palma, conoció a un español y se quedó.

Después de tantas horas pasada por agua, ¿le quedan ganas de ir a la playa o a la piscina por ocio?
A la playa suelo ir con los amigos cuando estoy en Mallorca. Es difícil no entrar al agua allí, pero no me meto mucho rato.

¿El cloro es uno de los mayores enemigos de los nadadores?
Yo lo paso mal porque tengo la piel muy sensible y se me quema la cara mucho. Siempre tengo que estar yendo al dermatólogo. Cada día me echo crema y la tengo que cambiar, de vez en cuando, para que la piel no se acostumbre.

¿Y el pelo?
Bueno, eso es caso perdido. El pelo de un nadador es quemado y rubio.