Guardiola y Sergio Agüero, en el encuentro entre el Manchester City y el Huddersfield.
Guardiola y Sergio Agüero, en el encuentro entre el Manchester City y el Huddersfield. EFE

El arranque de temporada de Pep Guardiola está siendo arrollador. Después de vencer la Supercopa inglesa al Chelsaa por 0-2, y de ganar al Arsenal en el estreno liguero, también por 0-2, se ha pegado un festín en el estreno oficial ante su afición en la presente temporada, derrotando por 6-1 a un siempre desbordado Huddersfield.

Pep Guardiola sorprendió desde la alineación, con tres centrales (Stones, Kompany y Laporte) y sin ningún lateral derecho pero sí un lateral izquierdo (Benjamin Mendy). El técnico español lo resolvió metiendo a Bernardo Silva como falso carrilero derecho, y optó por una fórmula que vimos en alguna ocasión la temporada pasada, pero con cuentagotas, que fue juntar a Gabriel Jesus y Sergio Agüero en la delantera,

Las sensaciones fueron óptimas desde el primer momento, controlando la posesión, metiendo muy atrás al Huddersfield y generando situaciones de gol con mucha continuidad. Fue curioso que el 1-0 llegó tras un envío largo en un saque de puerta: Ederson encontró a Agüero, y éste anotó un gran tanto superando al guardameta con una bonita vaselina. A partir de ese momento, los goles cayeron como una cascada, dejando claro el excelso nivel del equipo skyblue.

El 2-0 fue obra de Gabriel Jesus, que se sacó un gran remate desde la frontal que se coló por el primer palo de la meta de Hamer. El 3-0 lo volvió a marcar Agüero, que se aprovechó de una pelota suelta para empujar a la red. Antes del descanso el Huddersfield hizo el 3-1 a través de Stankovic, pero sólo fue un preámbulo de las obras de arte que íbamos a ver a continuación.

El Manchester City afrontó el segundo tiempo con la misma intensidad, y nada más salir de la caseta, David Silva anotó un brillante tanto de falta directa. El 5-1, obra de Agüero, fue una fabulosa espuela tras centro lateral de Mendy, y el 6-1 final lo anotó Kongolo en propia puerta tras una gran jugada de Leroy Sané.