Kilian Jornet: "No creo que ser padre me cambie mucho la vida, solo tendremos que organizarnos mejor"

El deportista español Kilian Jornet.
El deportista español Kilian Jornet.
R.R.V.

Es viernes y entra Kilian Jornet en la carpa de la organización de la Otter Trail Race, en Suráfrica, lejos de casi todo. Es menudo y camina pausado, ojos a media altura, buscando la invisibilidad. En vano: tres minutos después ya ha sonreído delante de diez cámaras de fotos. Por la tarde, el gran anuncio: será papá a principios de primavera. "Pura ingeniería genética", le responden desde el mundo virtual. A mediados de sábado, tras abandonar la carrera a primeras de cambio y rodeado de la élite del trail mundial —que le venera— se relaja. La parte del planeta que le conoce le define como leyenda; para Kilian él solo es "un chico que corre más rápido que otros". Letanía que cree a pies juntillas.

¿Decepcionado por el abandono?

No, era una cosa que ya sabía. Desde la carrera de Escocia he corrido tres días. Sabía que venía lesionado pero me apetecía estar con los atletas. Sabía que en un gran porcentaje no podría correr.

¿Le da mucho al coco cuando pasa esto?

No tanto. Ya no tengo el hambre que tenía hace cinco años, cuando quería ganar todas las carreras. Sé que necesito descansar un poco. Este invierno me rompí la pierna y quizás le dí mucha caña demasiado pronto, entrenando muy fuerte, compensando con la otra pierna... y ahora lo he pagado.

¿Le han hecho muchas bromas con la avispa que le picó en UTMB y le obligó a retirarse?

Muchísimas.

Vaya mala pata...

Bueno, qué se le va hacer, si soy alérgico a estos bichos. Yo creo que en toda mi vida me habían picado tres avispas. Al salir de la carrera no lo dije porque fue casi justo antes, estaba haciendo una coña en una entrevista... y zas.

¿Qué pensó cuando le picó?

Se jodió. Las otras veces había terminado en el hospital y sabía que pasaría algo así. Pensamos en ponernos adrenalina o corticoides pero eso podía dar positivo en control antidoping. Después probamos con el fisio, quemando un poco, haciendo vendajes y el hinchazón bajó. El dolor se fue y pude ponerme la zapatilla, que no entraba, y salí a correr. Con las horas, la sangre vuelve a circular y el veneno volvió a hacer efecto. Podía tener problemas de respiración y cardíacos y preferí parar a tener algo serio.

Resulta simbólico, alguien como usted, que derrota montañas enormes, vencido por una avispa...

Pues así es. Por eso me gusta la alta montaña, porque allí no hay avispas.

¿Qué balance hace de este año?

Pues muy bueno. Empecé con la recuperación de la lesión, pero luego fui haciendo muchas carreras. Corrí unas 8 y gané 6, y con buenos tiempos. A nivel físico ha sido el año que mejor me encontré. En UTMB estaba fortísimo, pero tuve ese problema. Estoy supercontento con esta temporada.

¿Se ha planteado ya como le cambiará la vida la paternidad?

Claro que lo hemos hecho, porque nos afectará a Emilie y a mí, está claro. Nos planteamos qué nos va a suponer, si estamos preparados o no y creo que al final supone sobre todo logística: preparar viajes, entrenamientos... Por suerte los dos somos atletas y no tenemos un horario de 9 a 17, nuestro trabajo está en la montaña, así que nos turnaremos y cuando uno salga el otro se quedará con el niño, y así. No creo que tampoco sea un cambio de vida, es mucha organización.

¿Ha entrenado ya con los pañales?

Un poco sí, el otro día con un amigo en su casa. Espero que se me dé bien.

¿Está nervioso?

Nervioso...como todos. Quiero que todo vaya bien.

¿Niño o niña?

Me da igual, la verdad.

¿Cómo educarán a su hijo?

Le educaremos en los valores que nos han transmitido a nosotros, el amor y la conexión con la naturaleza, eso lo es todo para mí. Es la forma en la que nosotros vivimos e intentaremos inculcársela. Luego ya tendrá libertad para elegir lo que quiera hacer en su vida.

Y si no corre, pues no pasa nada...

Bueno, cada persona elige su camino... pero seguro que él hará más montaña de pequeño que jugar a la Game Boy o al fútbol, eso seguro.

Lleva más de la mitad de su vida corriendo al máximo nivel, ¿quemado?

Me gusta competir, y es una herramienta muy buena para muchas cosas, sobre todo por la motivación que te provoca ver qué hacen los rivales, chequear como estás de forma física... Pero la misma emoción que sentí cuando gané mi primer ultra y mi primera Zegama está claro que ya no la voy a sentir, por mucho que gane más carreras. Para sentir una emoción similar pues tengo que hacer otras cosas, otros retos en la montaña, pero competir me encanta.

¿Se mediría a Kipchoge en el asfalto?

No podría medirme, no le seguiría ni un kilómetro.

A cada sitio que llega de inmediato tiene a todo el mundo pendiente de usted, ¿le incomoda?

Me incomoda más que me gusta.

Usted dice que lo suyo no tiene mérito, pero el público le tiene en un pedestal, ¿le añade presión extra?

Presión no, porque al final llevo más de 15 años compitiendo y sé que si estoy bien ganaré y si no, perderé.

La gente le sigue preguntando por la polémica de las dos subidas al Everest. Hay quien asegura que no logró ese reto...

Bueno, no me molesta que se diga, porque vivimos en el mundo que vivimos y además fue culpa mía. Cuando volví del Everest me puse a entrenar rápido y olvidé ese viaje. Quizás debí haber pasado una semana descargando imágenes, publicando todo y hacerlo bien, pero prefiero aprovechar el tiempo para el monte. Creo que hay que aportar el máximo de pruebas que tengamos, pero eso está detrás del estilo que yo quiero hacer en la montaña. Yo quería subir por mí mismo, y si hubiera un cámara filmando y yo voy muy mal podría haber cogido su oxígeno, pero no quería que fuera así. Yo quería hacerlo solo para que no pasara eso, no tener ningún tipo de comunicación, y al final eso implica que no puedes hacer ciertas cosas. Pensé en llevar el reloj, que es preciso, y las Go Pro, que son geolocalizables. Los metadatos están ahí. Luego hay envidias y tal y cada uno mirará lo que quiera. Lo importante es estar contento y satisfecho con lo que hace cada uno. Entrar en batallitas no tiene sentido.

Sus valores fisiológicos con incalcanzables para casi el resto del planeta... ¿se nace con ello o se hace?

El deporte está claro que tiene una parte genética y otra de trabajo. Lo de que si trabajas conseguirás lo que te propongas no es cierto. Tú puedes nacer y decir que quieres bajar de las dos horas en el maratón, pero si no tienes una genética determinada no lo conseguirás por mucho que entrenes. Conseguirás el máximo que te permite tu genética. Tu morfología y tu genética están adaptadas para una actividad: yo, por mucho que quisiera jugar al baloncesto, pues... Pero quizás sí tenga una buena genética para correr por la montaña, ya sea de nacimiento o por mis actividades en mis primeros años de vida, que es cuando el cuerpo se moldea.

¿Cómo es un día en su vida?

La mitad del año estoy en casa y la mitad viajando. En casa me suelo levantar a las seis y media o siete. Desayuno poco, un zumo, un vaso de agua y quizás una tostada de pan, pero poco. Luego salgo a entrenar entre dos y cinco horas (corriendo o con esquíes), como un bocadillo o algo ligero y a la tarde vuelvo a entrenar una hora. Pero si salgo a hacer tirada larga, entre cinco y diez horas, ya no entreno después otra vez. Después, contesto mails, hago redes sociales, un poco de gimnasio, voy al rocódromo...

¿Cómo aguanta comiendo tan poco?

Porque luego suelo cenar bastante.

Va al contrario que todo el mundo

Sí, pero es que me cuesta mucho comer por la mañana. Eso sí, si tengo un entrenamiento largo y duro luego me puedo meter dos platos de pasta de una vez.

¿Es cocinillas?

No. Veo la comida como un aporte de energía al cuerpo. Si está buena mejor, pero no voy más allá.

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