Sebastián Álvaro: "A esas alturas los plazos de tiempo no se miden en días, sino en horas"

Juanjo Garra, en la cumbre del Manaslu en 2008.
Juanjo Garra, en la cumbre del Manaslu en 2008.
BLOG DE JUANJO GARRA

El oxígeno, ese invisible combustible que es la esencia misma de la vida, escasea allí donde el mundo rasga las nubes con sus cimas más altas. "El organismo del ser humano no está adaptado a esas condiciones, no está diseñado para vivir sin oxígeno. El cuerpo es avaro con el oxígeno. Y lo es tanto que marca nuestras vidas. Ya en un campo base, a 5.000 metros, la primera semana vives mal porque el organismo capta la mitad del oxígeno". Habla el montañero madrileño Sebastián Álvaro, uno de los pilares en los que se sustentó durante años el proyecto televisivo Al filo de lo imposible y coordinador, desde la distancia, del dispositivo que acudió al rescate del montañero Juanjo Garra (Lérida, 1963), fallecido tras permanecer varios días en la ladera del Dhaulagiri. Una fractura le impidió por sus propios medios el descenso al campo base 3 y, pese a los auxilios que le llegaron a través de tres sherpas, su organismo no pudo resistir tantas horas de exposición y esfuerzo.

La gran altura a la que tuvo lugar el accidente en el que Garra se fracturó un tobillo fue el principal impedimento para su rescate, ya que la adversa climatología reinante durante todos los días a esas alturas no permitía la llegada de un helicóptero, de por sí compleja. Condicionado por la dolencia, debilitado por los esfuerzos, las jornadas que permaneció en la montaña a más de 7.200 metros de altura (tres de ellas casi en los 8.000) demuestran su fortaleza mental y física. "En la montaña, y especialmente a más de 7.000 metros,  los plazos de tiempo no se miden en días, sino en horas. Y cada hora es una hora de vida", destaca Álvaro, quien recuerda cómo más allá de esta altitud se entra en lo que se considera una franja de la muerte. "Se ha hecho un gran trabajo para rescatarlo, pero por las cuestiones de la altura un rescate en el Himalaya no es lo mismo que uno en los Alpes o en los Pirineos. El gran problema de este caso ha sido la cota tan alta en la que ha tenido lugar. Está claro que en los próximos días hay que ver los pormenores y ver en qué se ha podido fallar, porque siempre se puede mejorar; pero su rapidez y su voluntad, dentro de su diversidad, han sido excepcionales".

Un dispositivo pionero

De forma muy rápida se implementó  un plan de rescate para bajar a Garra. Álvaro inició su gestión de forma telefónica y, sobre el terreno se involucraron el italiano Simone Moro, el alemán Dominick Moller, Álex Txikon, Fernán Latorre, Jorge Egocheaga o Damián Benega, entre otros.  "Hemos sido capaces de coordinar un equipo diverso,  transportando rápido a un equipo de montañeros desde el Everest al Dhaulagiri pese a los 300 kilómetros que los separan.  Dejando a un grupo en el campo 3 (a unos 7.000 metros) y a otros a 6.100 metros". Garra falleció antes de que se concretase la ayuda, derrotado por la altitud. Y sin embargo su deceso influirá en el futuro: "Se ha hecho un despliegue operativo  sin precedentes en la historia. Es la primera vez que sucede en el Himalaya  que se haya rescatado a ocho personas que se habían quedado atrapadas por encima de los 7.200 metros y seguro que de cara al futuro mejorarán los rescates".

Garra, un expertísimo montañero, formaba parte de una expedición en la que también se encontraban Ferrán Latorre y Óscar Cadiach, con los que había colaborado en muchas expediciones dentro de  los proyecto de Al filo. Álvaro conoció a Garra en 1991 y desde entonces se convirtió, por sus dotes físicas y humanas, en un pilar de todas sus expediciones, donde muchas veces ejercio de cámara o de auxiliar. "En primer lugar Juanjo era un gran alpinista, pero más allá era una persona excepcional y generosa, de una calidad humana inimaginable. Su capacidad para hacer piña, para unir y cohesionar a los grupos era sobresaliente", destaca Álvaro. Ya en su magistral obra Annapurna, primer ochomil, el francés Maurice Herzog destaca de la importancia vital del trabajo en equipo, del todos a una, para superar los retos planteados por la montaña. "Es algo que toda la gente que de alguna u otra forma nos dedicamos a esto puede destacar. Su rol siempre es más que necesario. Una bendición. Juanjo era único. Era toda una garantía", añade.

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