Isco
Isco Alarcón. Luis Grañena

Francisco Román Alarcón, 'Isco', se ha ganado un hueco a golpe de trabajo y calidad en el Real Madrid y en la Selección española. Apodado 'Magia' por sus compañeros de vestuario, está llamado a marcar una época en el fútbol patrio. Él, sin embargo, aunque ilusionado con la evolución de su  carrera, es feliz tan sólo pasando tiempo en casa, con su hijo, su chica y sus perros. Un tipo feliz.

Hace unos años, Isco revelaba que no tiene ninguna manía especial ni superstición antes de los partidos, ni tampoco un ritual. Él sólo quiere jugar, y le ha costado conseguirlo. Humilde, paciente y tranquilo, cuando no se había ganado aún con creces la titularidad, fue tajante: "No soy tonto, si no soy titular con Ancelotti, Benítez y Zidane es por mi culpa". Y entonces todo cambió. Isco empezó a brillar de forma constante.

Su presunto pasado como aficionado barcelonista le ha jugado alguna que otra mala pasada, con el incidente de las patatas fritas azulgranas en una comida con amigos o el hecho de que su perro se llamara Messi. En tiempos de radicalidad entre aficionados en redes sociales, no se pasa una, pero Isco ha sabido mantenerse ajeno a polémicas y ha ido escalando posiciones hasta el punto de que uno no se imagina la alineación del Real Madrid sin el malagueño en ella.

Disfruta con una película de Denzel Washington y una canción de El Barrio. Si quiere desconectar del mundo del fútbol pero no perder la forma, el pádel es su pasatiempo favorito.

En Rusia convivirá de cerca con uno de sus mejores amigos en el Real Madrid, Asensio, con el que, con cada título en el club, cumple el mismo ritual: los famosos 'pichabros'. Quizá en julio vivamos un nuevo capítulo de su particular serie con el Mundial en el bolsillo, el gran sueño futbolístico de un Isco que, de pequeño, lo último que veía antes de dormir eran los pósters de Raúl, Hierro o Mendieta con la Roja colgados de su pared.

De momento, ha sido el jugador más destacado del equipo en los dos primeros partidos del Mundial. Frente a Portugal asumió galones, lanzó un zambombazo al larguero y lideró la remontada. En el segundo encuentro, ante Irán, se echó al equipo a la espalda, se jugó varios uno contra uno y fue de los pocos que se salvó en la pobre imagen general del equipo, a pesar de la victoria. Las esperanzas de España en Rusia pasan por el malagueño.

El perfil menos conocido de los españoles