Iker Casillas ya no es jugador del Real Madrid y la aseveración conlleva darle carpetazo a dieciséis temporadas de la historia de la primera plantilla de la entidad, más otras diez campañas creciendo en sus categorías inferiores. Un largo camino de éxitos bendecido en muchas ocasiones por el don de la oportunidad que llega a su fin en gran parte a un hartazgo alimentado por el desgaste… apuntalado previamente por una lesión en enero de 2013 que, según las lecturas, pasa de oportuna a inoportuna. Esas intervenciones salvadoras ante el Leverkusen en el camino hacia la Novena, ese pie ante Robben en la primera estrella mundial de España… Para gustos, momentos. Y poco más de un gol recibido por partido de promedio en una carrera de guarismos contundentes como blanco: 725 partidos jugando, 752 goles.

Acuñó y proclamó aquello del "no soy galáctico, soy de Móstoles", todo un inesperado lema contra la política de fichajes de la primera era Florentino Pérez

El chaval que acuñó y proclamó aquello del "no soy galáctico, soy de Móstoles", todo un inesperado lema contra la política de fichajes de la primera era Florentino Pérez, el joven que proclamaba las bondades de su pueblo de Ávila y de las partidas de mus con sus amigos de siempre regadas con quintos de cerveza, ese Casillas, tocó el cielo bautizado como el santo y cayó a los infiernos acusado de ser un topo filtrador. De manteado a señalado. Amigo de periodistas (como muchos jugadores) y pareja de periodista. No puede cumplir su anhelo (repetidamente proclamado, sin perder la perspectiva) de retirarse en la que considera su casa, pero su nueva andadura portuguesa, de la mano del Oporto que dirige un exportero como Julen Lopetegui, arranca con un botín nada desdeñable. Y pocas veces imaginable: 21 títulos absolutos reunidos a nivel de clubes (18) y selección (3).

Cinco Ligas, tres Champions, dos Copas del Rey, dos Mundialitos, cuatro Supercopas de España y otras dos Supercopas de Europa defendiendo la portería del Madrid a los que añadir nada menos que un Mundial y dos Eurocopas (los tres consecutivos) con España. Mucho trofeo para las estanterías de un Casillas cuya buena estrella, aunque ya había tenido un par de apariciones anteriores más fugaces, comenzó con un empate (2-2) en el viejo San Mamés. Bilbao, donde vivió en su niñez, donde se acuñó su nombre y el de su hermano, fue su línea de salida un 12 de septiembre de 1999. "Llegué con nueve años, he pasado por todas las categorías y a día de hoy no entendería mi vida sin el Real Madrid", proclamaba el madrileño.

Casillas. Un hombre aliado con la fortuna del momento justo y el lugar adecuado, de paradas imprevistas e imposibles  y de barreras superadas. De accidentes domésticos aliados (porque Cañizares se lesionó con un bote de colonia y le entregó la titularidad de la selección antes de Japón y Corea 2002). El yerno que toda madre querría, un objeto deseado por la prensa del corazón. La imagen perfecta para cualquier anunciante. Un gran capitán. Un, por partida doble, premio Príncipe de Asturias. Un generador de contenidos, no ya por su faceta deportiva sino también por la efusividad de un beso ante las cámaras de su pareja. Más allá de todo eso, el madrileño dinamitó el muro de los cuartos con la selección y actualizó al Real Madrid en una Copa del Rey cuyo último título se remontaba a 1992.

Un crecimiento constante que, avalado por su condición de canterano y por su perfil natural y correcto, simpático, le catapultó hasta la capitanía del Madrid. Y en el camino, hasta doce entrenadores y hasta cuatro presidentes (Lorenzo Sanz, Florentino Pérez, Ramón Calderón, Vicente Boluda y otra vez Pérez), con muchos momentos de celebración y también unos cuantos de pesar y frustración. Y siempre, algo que no muchos pueden alegar, ejerciendo de portavoz a las duras y a las maduras. Dieciséis temporadas dan para mucho. Como un libro, con su inicio, su desarrollo y su final. Como un referente, con su gestación, auge y su declive. Con sus defensores, con sus detractores. Y un acelerador de su decadencia de nacionalidad portuguesa: Jose Mourinho.

El técnico luso, que se encontró con un Iker apaciguando ánimos con el Barcelona gracias a la amistad con Xavi y por el bien de la selección, mostró abiertamente su predilección por otros compañeros, inició guerras, abrió heridas y alimentó sospechas de veracidad compleja de demostrar. "Sí, pensé irme del Real Madrid. A día de hoy también lo piensas porque si molestas, no quieres tener problema con nadie, no quieres crear un mal ambiente. Eso lo piensas en voz baja. Pero luego también piensas que por qué. Hay que competir, luchar. Los veteranos me enseñaron a luchar". A sus 34 años, Casillas deja el Real Madrid.