Favela de Río
Fotografía general de una parte de la favela Doña Marta esta semana en Río de Janeiro (Brasil). EFE

Los hostales abiertos en los últimos años en las favelas de Río de Janeiro, con una creciente disponibilidad de camas, pueden ayudar a superar la insuficiente oferta hotelera en la ciudad y los altos precios por habitación durante el Mundial Brasil 2014, aseguran sus propietarios.

En los últimos años, decenas de establecimientos hoteleros fueron abiertos en las comunidades pacificadas

A menos de dos meses del evento, se han disparado las dudas sobre la capacidad de Río de Janeiro para acoger al aluvión de turistas que se espera y sobre la capacidad de algunos visitantes de encontrar alojamiento al alcance de su bolso.

Y las favelas cariocas, en donde el proceso de ocupación policial para expulsar a las bandas de pistoleros que las dominaban permitió la apertura de algunos establecimientos hoteleros, se convirtieron en parte de la solución.

Un negocio creciente

En los últimos años, decenas de establecimientos hoteleros fueron abiertos en las comunidades pacificadas, en su mayoría en las casas de los propios moradores, acondicionadas en lo posible para recibir visitantes.

Tal es el caso del establecimiento de Oberdan Chagas, un joven vecino de Rocinha, la mayor favela de Río de Janeiro, que, junto a su madre, empezó a recibir turistas hace dos años. Su modesta vivienda, en lo alto del cerro sobre el que crece la favela, se ha convertido en la pensión llamada Rocinha Guesthouse, que ya es una referencia en la red para muchos mochileros europeos.

"La mayoría viene de Alemania, Italia y Reino Unido," relata Oberdan a Efe. "Aquí les damos cama y desayuno y, según las fechas, cobramos de 25 a 45 reales" (de 11 a 20 dólares)", explica. Los nuevos hosteleros también ofrecen extras como lavandería y rutas turísticas por la favela, por las que piden 35 reales (unos 15 dólares) por cabeza.

El tirón promocional de Río

La pacificación de muchas barriadas tras su ocupación policial, unida a la iniciativa de los moradores y a una administración que no pone trabas burocráticas, ha hecho posible que afloren miles de negocios de todo tipo. Y entre ellos no podía faltar el de la hostelería, que aprovecha el tirón promocional de Río de Janeiro como una de las referencias mundiales del turismo. Además, junto a la oferta tradicional de carnaval, garotas, sol y playas, los viajeros buscan cada día más descubrir lo que Oberdán Chagas denomina de "el otro lado de Río": las favelas.

Yo les digo a mis turistas que tengan más cuidado cuando están fuera de Rocinha que cuando están dentro

"Las favelas -asegura- están pobladas por trabajadores felices de vivir aquí y que tienen una buena energía para transmitir. Y esa energía es la que buscan los turistas". Para el dueño de Rocinha Guesthouse, los que conocen el barrio pierden el miedo. "Yo les digo a mis turistas que tengan más cuidado cuando están fuera de Rocinha que cuando están dentro", afirma.

Una afirmación con la que coincide John Wroe, un turista británico que aseguró a Efe sentirse más tranquilo en las calles de la favela de Vidigal que cuando pasea por los turísticos barrios de Copacabana o Ipanema. "Aquí todo el mundo se conoce y si alguien te hace algo, se sabe dónde vive y dónde encontrarlo", afirma.

Panorámicas impresionantes

Wroe se aloja, con su mujer y sus dos hijos adolescentes, en el Mirante do Arvrão, un hotel de lujo en la parte alta de Vidigal desde donde tiene la mejor panorámica de las playas de Leblon e Ipanema y, por extensión, de la zona sur de la ciudad.

Las vistas sobre Río son otro de los regalos de las favelas a sus visitantes. "Tengo mucho amigos cariocas que nunca, por miedo, han subido a contemplar esta panorámica tan impresionante", dice Wroe.

El Mirante do Arvrão abrió sus puertas al público el año pasado y representa un gran paso adelante en la inversión privada en las favelas. El hotel ofrece habitaciones compartidas a 80 reales (36 dólares) la noche por persona y suites desde 250 reales hasta 400 reales (desde 113 hasta 180 dólares).

Una de sus empleadas, la argentina Graciana Urano, admitió a Efe que esos precios se han triplicado para el período del Mundial, del 12 de junio y 13 de julio, y que a esta altura ya tienen casi todas las plazas reservadas. Se prevé que el gasto de turistas nacionales y extranjeros por el Mundial rondará los 11.000 millones de dólares, un pastel de divisas del que las favelas quieren una buena parte.

Los números juegan a favor. En Río, con 55.000 camas, se espera la llegada de 300.000 aficionados. La Asociación Brasileña de la Industria Hotelera dice que la ciudad ofrecerá otras 10.000 camas pero no antes de los Juegos Olímpicos de 2016.