Pau Gasol
El pívot de la selección española Pau Gasol (d) en una imagen de archivo ante Boris Diaw, de la selección francesa. EFE/Juan Carlos Hidalgo

El más difícil todavía esperaba a los de Scariolo. Un equipo plagado de jugadores NBA, físicamente imponente, con un talento arrollador y 27.000 gargantas apoyando sin cesar para tumbar, por tercera vez consecutiva en partido oficial a vida o muerte, a la otrora ‘bestia negra’ de los galos. Pero no contaban con el corazón de este equipo indomable que va de gesta en gesta con un líder absoluto: Pau Gasol. Su exhibición de ayer, la de este campeonato, aumentan su leyenda, la leyenda de este equipo.

El dominio del rebote hizo que Francia dominara casi todo el partido

Esta vez, las ganas de revancha eran españolas. Tras muchos años de superioridad de los Gasol, Navarro y compañía, Francia se había tomado su particular vendetta por partida doble. Primero fue en el Eurobasket de 2013, cuando, tras una prórroga, un partidazo de Tony Parker dejó fuera en semifinales al conjunto entonces dirigido por Orenga. Pero lo realmente doloroso fue lo sucedido un año después, cuando una selección gala muy mermada con las bajas eliminó, de manera más que sorprendente, a España en cuartos de final de ‘su’ Mundial, en Madrid.

Las circunstancias se repitieron un año después, pero justo al revés. Las importantes bajas eran en esta ocasión españolas, mientras que la que llegaba con todos sus efectivos, la que jugaba de local y, en definitiva, la favorita, era Francia.

Los nervios atenazaron a España en el inicio y la dependencia de Pau Gasol se hizo demasiado evidente. Solo se jugaba para él, y el pívot de los Bulls no se escondió, anotó con fluidez, pero demasiado solo. Nadie le acompañó. Los galos, mientras, dominaron el rebote con una superioridad insultante y encontraron a un De Colo muy inspirado que dio las primeras ventajas a los galos.

La entrada del Chacho cambió radicalmente el partido. España necesitaba a alguien que se atreviera y lo encontró en el base canario, que tiró de fantasía para anotar, repartir asistencias y, junto al omnipresente Pau, apretar el partido.

Claver y Felipe Reyes igualaron la batalla por el rebote y el partido era ya una guerra, con defensas asfixiantes, contragolpes fallidos, tapones, robos… y pocas canastas. El conjunto español había superado a la perfección el descanso de Gasol, y a la aparición de Parker respondió Rudy con un triple que dio la primera ventaja en el marcador, celebrado con un grito lleno de furia del alero.

Había que evitar como fuera que se marcharon los de Collet en el marcador, y ahí surgió, cómo no, Pau.  Cuando más quemaba el balón, se echó al equipo a sus espaldas, sacó numerosas faltas personales  mantuvo a España en el partido pese a la desventaja (48-56).

Sin nada ya que perder, los de Scariolo jugaron más agresivos, tiraron del orgullo que siempre caracteriza a esta selección y atacaron, por fin, la canasta. Sacaron una falta tras otra, metieron el miedo en el cuerpo a los galos, aprovecharon al inmenso jugador que es Gasol, que desquició a sus  defensores hasta obrar el milagro de lograr ponerse por delante en el marcador (62-61).

El último cuarto de Gasol está al alcance solo de los elegidos de este deporte. Imparable, monumental, cada balón era suyo. El Chacho anotó una bandeja a 16 segundos del final… pero Batum respondió con un triple para empatar.

El tiempo añadido no pudo ser más igualado, el minuto final volvió a ser de infarto. Y ahí apareció otra vez Pau, como el Gigante con mayúsculas que es. Tres mates suyos llevaron a España a la final.