Érika Olivera
La abanderada de Chile, Érika Olivera, en la ceremonia de inauguración de los Juegos de Río 2016. GTRES

De entre las muchas historias de los abanderados de la ceremonia de inauguración de los Juegos de Río 2016, una de las más emocionantes, por su dureza, es la de Érika Olivera, la atleta que portó la bandera de Chile en el estadio de Maracaná.

Olivera, de 40 años y cuya especialidad es la maratón, dejó en estado de shock a su país el pasado mes de julio cuando reveló que durante doce años, entre los 5 y los 18 de edad, sufrió los abusos sexuales continuados de su padrastro.

"Debo haber tenido 5 años la primera vez que me abusó", recoge el diario La Tercera. "Empezó mostrándomelo como un juego, con caricias, y después fue avanzando. Esa primera vez no entendí lo que pasó, era una niña, no cachaba nada. Él siempre decía que eso nadie lo tenía que saber", explica la atleta, que en Río disputa sus quintos Juegos.

"Mientras yo no me pude defender, él hacía lo que quería conmigo. A veces, en la noche, él iba al dormitorio nuestro y ahí molestaba un poco, me tocaba cuando estaban mis hermanas. Pero generalmente las cosas se daban en el día, cuando mi mamá no estaba", explicó Olivera. La atleta, cuando tenía 12 años, se lo dijo a su madre, pero no recibió apoyo: "Me dijo que ojalá que fuera mentira, porque si era verdad que él me abusaba, nadie me iba a querer; no iba a poder tener hijos ni familia".

No fue hasta los 18 años cuando Olivera se rebeló: "Me levantó la mano, yo se la sostuve y él me forzó más. Me puse chora, me defendí y le dije que no volviera a hacer eso nunca más. De la calle le grité: 'Viejo de mierda'. Mi mamá vio todo esto. Para mí fue un gran paso. Él no volvió a violarme". Pese a esta historia, Olivera lleva el apellido de su padrastro. Hoy es madre de cinco hijos.