Poco importa que el belga Phillipe Gilbert (Française des Jeux) venciese su segunda etapa en la Challenge de Mallorca, o que en el esprín final el murciano José Joaquín Rojas sufriese una espectacular caída al chocar con las vallas que protegen la zona de meta cuando pedaleaba por la victoria. El protagonista era Contador.

"Astaná, Astaná en el Tour", gritaba a las cámaras de televisión un enrabietado Alberto Contador cuando su escapada, a seis kilómetros de meta, vivía sus últimas pedaladas. Porque el escalador de Pinto, en el día que conoció que los organizadores del Tour de Francia no invitarán al Astaná a ninguna de sus carreras (Tour, París-Niza,...), fue protagonista de la cuarta etapa de la Challange.

Contador rodó unos ochenta kilómetros escapado, una exhibición reivindicativa que le valió subir al podio como ganador del premio de la combatividad. Pero su sonrisa era inexistente. Una seriedad poco habitual en él mostraba su preocupación. O su decepción, mientras señalaba el patrocinador que preside su maillot.

Y al bajar del podio, el llanto, las lágrimas de la impotencia. Contador no ha podido ocultar sus emociones y ha entrado en el autobús visiblemente emocionado. Apenas unos minutos después, el propio ciclista improvisó una rueda de prensa ante la puerta del vehículo. "No queda otra que aceptar la decisión que han tomado", se lamentó.

La Vuelta ya le espera, siempre y cuando no deje su equipo, porque el guante ya lo ha lanzado, desde París, el director del Tour, Christian Preudhomme: "No es de ninguna forma una decisión contra Alberto Contador, es un equipo quien se ha excluido. Si Contador fuera fichado por otro equipo podría competir en el Tour".

José Joaquín Rojas, por cierto, se rompió el omóplato derecho, además de sufrir escoriaciones múltiples, según informó su equipo por la tarde en un comunicado. Rojas ha sido el primer ciclista español en vencer esta temporada.