Marieke Vervoort
La deportista paralímpica belga Marieke Vervoort, en 2016. GTRES

A Marieke Vervoort, la cara de los Juegos Paralímpicos del año pasado y un ejemplo para millones de personas a través de su estoico desafío al dolor incesante, se le han acabado las fuerzas.

Desde aquellos días iluminados por el sol en Río, donde ganó una medalla de plata a pesar de sus agudos dolores, su enfermedad, una forma de tetraplejía progresiva desconcertante incluso para sus médicos, ha avanzado con implacable crueldad.

Tal y como ha relatado en una entrevista al periódico The Telegraph, desde una cama del quinto piso del Hospital Universitario de Bruselas, su país natal, Marieke ha confirmado que está preparada para someterse a la eutanasia porque ya no soporta más "tanto dolor".

"No quiero sufrir más", dice. "Es muy difícil para mí. Cada vez me deprimo más y más. Nunca había tenido estos sentimientos antes. Lloro muchísimo. Ahora, incluso mi visión está desapareciendo. Un óptico me vio y me dijo que no había nada que él pudiera hacer, ya que el problema venía de mi cerebro, no de la vista. Entonces una neuróloga estuvo conmigo toda la noche mientras yo tenía un espasmo tras otro. Después me dijo que eso que me estaba pasando no era un ataque epiléptico, sino mi cuerpo gritando 'Tengo mucho dolor, no puedo más'".

Una neuróloga me dijo que lo que me pasa es que mi cuerpo está gritando 'Tengo mucho dolor, no puedo más'

Cuando era más joven, Marieke soñaba con ser profesora de educación física y perseguir el atletismo de élite. Pero finalmente su esfuerzo a través de los Juegos Paralímpicos, le ha terminado proporcionado una plataforma poderosa. Ha recibido la investidura real del Rey Felipe, el galardón de mujer del año junto a Angela Merkel y acaba de publicar su autobiografía, un relato detallado de cómo una joven traicionada por su cuerpo ganó cuatro medallas paralímpicas, sin mencionar su nombramiento como la segunda figura deportiva más influyente de Bélgica, solo por detrás de Kevin de Bruyne, del Manchester City. Es por eso que espera que pronto se traduzca del flamenco al inglés, porque, como ella dice, quiere usar el deporte "para inspirar a tantas personas como sea posible".

Antes de morir, Marieke se ha encargado de dejar escritas cartas personalizadas para todos sus allegados, estampadas y dirigidas para que las lean cuando llegue el momento. Quiere que su muerte se recuerde como el hecho de abrir una caja roja de la cual salgan mariposas blancas y se niega a que su funeral sea en una iglesia. Ni siquiera la llegada de la Navidad ha podido persuadirla de creer en algún beneficio divino pues, como ha asegurado: "Si hay un Dios, debe ser un mal tipo para castigarme de esta manera".

Marieke tiene 38 años, pero afirma que se siente como si tuviera 90. Pocas personas de 90, sin embargo, podrían tolerar un deterioro como este. En la entrevista, la atleta explica como siendo una adolescente flexible y activa, que disfrutaba del baloncesto, el triatlón y el buceo en aguas profundas, notó por primera vez las señales de advertencia cuando desarrolló infecciones repetitivas en el tendón de Aquiles. Poco después, ya solo podía moverse con la ayuda de las muletas.

Entonces sus piernas dejaron de funcionar por completo. Simplemente su cuerpo empezó a destruirse poco a poco. Los médicos especulan que la parálisis podría haber sido desencadenada por una deformación entre la quinta y la sexta vértebra cervical, pero ninguno se puede explicar el dolor intolerable que sufre por ello.

Los papeles de la eutanasia, firmados desde 2008

Los médicos especulan que la parálisis podría haber sido desencadenada por una deformación cervical, pero ninguno se puede explicar el dolor intolerable que sufre por ello

Siempre fue consciente de la gravedad de su estado y por ello en 2008 expresó por primera vez la posibilidad de utilizar la eutanasia ante una condición de salud terminal y firmó los papeles que la ayudarían a llevar esa decisión adelante. Sin embargo, quiso seguir con su carrera deportiva hasta el límite de sus posibilidades.

En los Juegos Paralímpicos de Londres 2012, Marieke obtuvo dos medallas, una de oro y otra de plata en carreras en silla de ruedas de 100 y 200 metros respectivamente. En 2015, en el Mundial de Atletismo de Doha, se consagró cuando cubrió los 200 metros en 35,9 segundos, apenas dos centésimas por encima del récord europeo.

Finalmente, Vervoort colmó sus expectativas en Río 2016, ganando la medalla de plata en la categoría de 400 metros en silla de rueda. Allí dijo que "Todavía no era el momento de morir" y afirmó que "Cuando llegue el momento, cuando tenga más días malos que buenos, entonces utilizaré mis papeles de eutanasia".

Bélgica tiene las leyes de eutanasia más liberales del mundo, pero tienen un requisito claro: tres médicos diferentes deben aceptar que el paciente se encuentra en un estado de dolor insoportable e incurable. Vervoort pasó este punto hace mucho tiempo. La paradoja es que su acuerdo para poner fin a su vida mediante una inyección letal, en manos del Dr. Wim Distelmans, ayudó a alargar su vida, permitiéndole la libertad de elección de morir pacíficamente y en el momento en que ella decidiera. Vervoort habla sobre su doctor: "Le han llamado 'el médico asesino', pero a mi me salvó la vida. Si él no estuviera aquí, me habría suicidado".

Sin embargo, aún no ha decidido en qué momento del año morirá: "Es muy difícil establecer una fecha. Cada vez que lo hago, me preguntan: '¿Estás segura, Marieke? ¿Estas realmente segura?'"