La selección española de balonmano jugará las semifinales como primero de grupo tras batir a Eslovenia

La selección española no se dejó vencer por la presión y certificó su pase a las semifinales del Europeo de Suiza como primero de grupo tras imponerse a Eslovenia por 39-33, en un encuentro en el que el equipo nacional solventó, gracias a la calidad individual, los numerosos problemas que padeció en defensa.
El jugador de la selección española Iker Romero, en acción (Foto: Efe)
El jugador de la selección española Iker Romero, en acción (Foto: Efe)
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Como ya viene siendo costumbre en esta segunda fase del Campeonato de Europa, a la selección española le costó entrar más de lo conveniente en juego, especialmente en defensa, donde el 5-1 elegido por Pastor no consiguió leer las líneas de pase a los pivotes.

Por fortuna, el descanso concedido ante Ucrania al lateral izquierdo Alberto Entrerríos, no pudo sentar mejor al asturiano, que se echó el peso del equipo en ataque, con cuatro goles en los primeros quince minutos de juego.

Pero la efectividad del jugador del Ciudad Real no fue suficiente para el despegue en el marcador del equipo nacional, que curiosamente tras endosar a los balcánicos un parcial de 0-3 con un jugador menos, se dejó empatar (10-10) en igualdad numérica.

Muchos goles para un conjunto, el español, que tiene su principal arma en la defensa, en donde tampoco fue efectivo el cambio a un sistema más cerrado como el 6-0. De este modo, España se condenó a entrar en una peligrosa dinámica de pequeñas ventajas, nunca superiores a los dos goles, y remontadas, que tan sólo sirvieron para que los eslovenos, sin nada ya en juego, se metieran de pleno en el partido, lo peor que les podía pasar a los de Juan Carlos Pastor.

Convencidos de sus posibilidades de victoria, la selección padeció la mejor versión, hasta el día de hoy inédita en el campeonato, de los Rutenka, Zvizej y, sobre todo, del central del Celje, el ex jugador del Ademar de León Uros Zorman.

Una fiesta a la que también se unió el cancerbero Gorazd Skof con varias intervenciones de mérito, que, sin embargo, no impidieron que el equipo español, gracias a Barrufet, se marchará al descanso, con la máxima renta del primer tiempo, tres goles (16-19).

Una renta que, pese a los problemas defensivos -el equipo español siguió sin saber leer los movimientos del pivote del Portland Zoran Lubej-, la selección española supo mantener, e incluso aumentar hasta los cinco goles (22-27), gracias al trabajo en el pivote de Rolando Uríos.

Dos goles y un penalti, transformado por Albert Rocas, infalible en la segunda mitad, permitieron al combinado español adquirir la tranquilidad necesaria para ajustar de una vez por todas su juego, que únicamente en estos segundos treinta minutos encontró la oposición de Lubej.

La resistencia finalmente acabó por ceder con las exclusiones de Zorman y Backovic que permitió a la selección llegar hasta los siete goles de ventaja (27-34) a menos de diez minutos para la conclusión.

Una ventaja más que suficiente para que los de Juan Carlos Pastor solventaran con comodidad el tramo final de un encuentro, que sirvió para colocar a los españoles de nuevo en la lucha por las medallas en un Europeo, lo que no ocurría desde Croacia en el año 2000.

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