Andrés Iniesta
Andrés Iniesta. Luis Grañena

Michael Laudrup describió a la perfección a Andrés Iniesta: “Es sencillamente espectacular”. Eso, como jugador. Para definirle como persona, quizá sea mejor invertir los términos: es espectacularmente sencillo.

El futbolista que llevó a España a la gloria con su gol en la final del Mundial de Sudáfrica 2010 tiene una calle con su nombre en Fuentealbilla, la pequeña localidad albaceteña que le vio crecer en una familia humilde y trabajadora: su padre era albañil y su madre ayudaba a su abuelo en el bar del pueblo.

Pablo Larrazábal, su compañero de pupitre, mantiene el contacto con él. Le recuerda como una persona sencilla y amable, y no le guarda rencor pese a que se negara a dejarle copiar en un examen.

Escondido de los ojeadores

Con tan sólo doce años, el Barcelona preguntó por ese chico que destacaba en los alevines del Albacete. Y eso que Ginés Meléndez, responsable de la cantera manchega, le escondía cada vez que detectaba en la grada la presencia de ojeadores. Iniesta era entonces “madridista a todo poder”, según confesó luego en una entrevista televisiva, y no sentía mucha simpatía por el Barça, que poco antes les había goleado (7-1). Pero el fichaje se hizo. A su llegada a La Masia, Iniesta no se acababa de sentir cómodo. Estuvo a punto de dejarlo todo y regresar a casa con su familia.

Su sencillez se ve reflejada también en sus gustos musicales: Melendi, Estopa, La Oreja de Van Gogh o Manolo García. Es conocida su inversión en el sector vinícola (Bodega Iniesta, con Denominación de Origen Manchuela) y entre sus aficiones menos ambiciosas está la de coleccionar juguetes de Playmobil. Una de sus películas favoritas es “El fuego de la venganza”, protagonizada por Denzel Washington. Él también ha hecho sus pinitos, con un cameo en la película ‘Quién mató a Bambi’ y poniendo voz en una de animación, ‘Piratas’.

Subirse a un avión es uno de sus grandes temores, pero en este viaje a Rusia no tendrá miedo a la hora de hacer volar a España, una vez más, rumbo al cielo.

El perfil menos conocido de los españoles