Público
Público de las 24 horas de Le Mans. 24 horas de Le Mans

Cualquier aficionado al automovilismo, debería plantearse ir al menos una vez en su vida a vivir en persona las 24 horas de Le Mans. Es un peregrinaje casi obligatorio para los fans de las cuatro ruedas, sean de los 'duros' que se atreven a mantenerse despiertos durante toda la prueba o para los que aprovechan unos días de asueto para estar en un escenario único como este.

La localidad de Le Mans es relativamente pequeña, pero cada año en el segundo fin de semana de junio se convierte en el centro del automovilismo mundial. Equivalente a un Toledo o un Salamanca, esta tranquila ciudad durante 360 días al año se vuelve una ajetreada metrópolis durante la semana de las 24 horas. No sólo los cientos de personas que van de los equipos (sólo de pilotos de la carrera principal ya son 186, a los que hay que unir otros tantos de las carreras soporte) competidores, sino los miles de fans que cada año se trasladan a la ciudad suponen una fuente de ingresos clave para esta ciudad.

Desde meses antes es imposible encontrar alojamiento, no sólo porque los equipos lo copan casi todo, sino porque hay muchos fans que reservan con un mucho tiempo de antelación.

Los más afortunados pueden dormir (o al menos echar una cabezada) en el Technoparc, una zona que está dentro del propio circuito y que durante esta semana se convierte en una suerte de minibarrio residencial formado por barracones con lo necesario en cada uno: una cama, una mesa, una silla y un pequeño armario. Las duchas y los baños son comunes, pese a lo cual es una de las zonas más solicitadas por los equipos, ya que está a poco más de 5 minutos andando hasta el propio paddock.

Los precios para asistir a las 24 horas de Le Mans son razonablemente asequibles, aunque como en todo depende el plan con el que se vaya. Lo más común es apostar por la amplia zona de camping, muy recomendable si el tiempo acompaña como suele ser habitual en este fin de semana de junio. La entrada de cinco días de competición, desde el miércoles de los primeros libres hasta el domingo, suele rondar entre los 90 y los 200 euros, con la ventaja de que con una entrada básica ya se tiene acceso al paddock (algo que en la Fórmula 1 no ocurre) y al camping, situado en el centro del circuito de 13,6 kilómetros, en varias áreas donde se montan auténticos festivales.

Españoles por Le Mans: los 'Nerdmans'

Allí se pueden ver todo tipo de autocaravanas de múltiples nacionalidades: los ruidosos daneses, que tienen en el legendario Tom Kristensen (nueve veces ganador de las 24 horas de Le Mans) a su ídolo, italianos, británicos, por supuesto franceses y cada año más españoles.

Una de esas peñas son los 'Nerdmans', un grupo de aficionados que ya han conseguido un sello propio gracias a sus años de visita al circuito de La Sarthe. El piloto de Corvette Antonio García o el de Ferrari Miguel Molina incluso han llegado a colarles en sus garajes y motorhomes para agradecerles su apoyo. Cada año, desde varios puntos de España, toman la carretera en dirección a la ciudad. Allí se juntan y conviven durante cuatro días, en una costumbre que se repite desde hace ya años, mucho antes de que Fernando Alonso provocase una súbita fiebre por esta carrera.

En el camping se puede ver de todo. Desde autobuses ingleses de dos plantas que viajan desde el centro de Inglaterra, pasando por deportivos como un Lotus Esprit (una auténtica rareza, hoy en día) o incluso bólidos de muchos quilates, como Ferraris o Aston Martin a imagen de los propios competidores de la carrera. Lo que les une a todos es las ganas de fiesta y de pasarlo bien.

Las 24 horas de Le Mans no es sólo una carrera de coches, sino mucho más.