La comunidad

Jamás había visto su nombre de semejante manera y, si además había resultado un error, pues eso, que exigía venganza o rectificación pública.

Créanlo, su discurso en el portal del bloque, delante de toda la vecindad, resultó emotivo y una lección de dignidad para el administrador: «Ahora todo lo compráis a crédito, vais al banco y os empeñáis para toda la vida, a veces por simples caprichos.

El primer televisor para casa lo compramos en la calle Barquillo, eran amigos de mi marido y sabían que podían fiarse. Nada de bancos, todos los primeros de mes, pasábamos por allí y pagábamos el correspondiente recibo. Nadie nos puso nunca la cara colorada. Si no teníamos dinero, nos aguantábamos, pero ningún irresponsable con pinta de estirado se atrevería a hacer pública tal mentira sin antes comprobarlo. Que seré mayor, pero con más honra que usted».