Si es que todo se desvía...

Esto le pasa a cualquiera. A ver, una reforma casera siempre se nos va de presupuestos y plazos. Con más razón, en una actuación de la envergadura de la Expo se tienen que engordar gastos y tiempos.

Sí, ya sé que estos magnos proyectos los controlan avezadísimos técnicos especialistas y ejemplares políticos obsesionados por preservar los fondos públicos y por cumplir sus compromisos con la ciudadanía. Pero la desviación (al alza, claro) es inevitable.

Igual que en casa. Así que cómo se les va a reclamar responsabilidades, encima, al precio que va el hormigón; total, por unos cuantos millones de más... Y si para sufragar los excesos en casa el pueblo llano se aprieta el cinturón de los gastos, es porque no tiene imaginación financiera.

Hay que hacer como el Ayuntamiento de Zaragoza:  un par de regates con los créditos, se congelan unas cuantas escuelas infantiles, se sigue apostando por unos barrios rurales tercermundistas, y llueven los millones. Reducir gastos de personal, de protocolo, de publicidad... sería como de mal gusto, ¿verdad?