¿Le gustaría ser inmortal?

El taoísmo dirigido a prolongar la vida es un cúmulo de tonterías.

A hora que está tan de moda lo oriental, con el sexo tántrico y otras patochadas, les recomiendo mirar hacia el taoísmo y sus prácticas encaminadas a prolongar la vida, a convertirse en un inmortal, un yen. Les aviso: jamás leerán tal cúmulo de tonterías y cháchara supersticiosa. Para que luego digan de lo profunda que es la filosofía oriental. Si realmente alguien pudiera ser yen, sería el colmo del reciclaje. Por un lado está la dieta. Austera es decir poco. Debe evitarse la producción de cualquier excremento, y eso se logra viviendo del aire y de la propia saliva. Durante el tránsito a ese paraíso dietético, al postulante se le permite comer solo bayas y raíces. La respiración es fundamental y el yen debe ser capaz de reciclar su propio aire. Todo aspirante a inmortal está obligado a entrenarse reteniendo el aire durante tiempos cada vez más largos.

El hormigueo y la suave euforia que produce la anoxia lo interpretan como que se ha conseguido desviar su aliento a otros rincones del cuerpo. Pero lo más extraordinario es lo relacionado con el sexo. La eyaculación significa pérdida del famoso yin y eso es inadmisible, pues la inmortalidad pasa por conservarlo. Luego el aspirante a inmortal –siempre hombre– debe obtener el yin de la mujer para aumentar sus reservas. ¿Cómo? La perfecta relación sexual para alcanzar la inmortalidad empieza con un pene flácido y encogido dentro de la vagina de la mujer y se retira erguido sin llegar al orgasmo.

Claro que la mujer sí debe alcanzarlo para que la transferencia de yin sea máxima. Como ellas sólo pueden proporcionar una cantidad de yin limitada, se aconseja al aspirante mantener todas las relaciones sexuales que pueda. De hecho afirman: «Aquel que pueda copular varias decenas de veces en el espacio de un día y una noche sin permitir que su esencia se escape quedará curado de todas las enfermedades y aumentará su longevidad». ¡Qué larga se tiene que hacer la inmortalidad!

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