Deudas hasta las cejas

Se supone que recurrimos a los créditos bancarios para vivir mejor. Si de verdad fuera así, la pasión de los aragoneses por el dinero prestado sería algo sano y comprensible. Pero resulta que las hipotecas y los créditos al consumo generan un corsé que atenaza a las familias, y acaba condenándonos a prescindir de muchas cosas, que estarían a nuestro alcance con un poco más de desahogo financiero. ¿Qué proporciona mayor calidad de vida, los objetos, muchos de ellos de dudosa utilidad,  que adquirimos con los préstamos, o los servicios, las ofertas de ocio y culturales, el tiempo, o productos quizá más necesarios, de los que debemos prescindir porque el dinero que cuestan estamos devolviéndolo?  

A mí no me parece mal que la gente se endeude para disfrutar de una vida mejor. Pero tengo  dudas de que ese endeudamiento se aproveche bien.