Quemar al Rey o a la Corona

¿Cómo podemos esperar que unos jóvenes, políticamente exaltados, practiquen la democracia cuando los encargados de custodiarla muestran no tener ni idea, no conocerla ni teóricamente? Quemar la fotografía de una persona (del Rey, de usted o mía) es expresar –mal que bien– un rechazo a lo que representamos, es simbolizar una opinión; pero decir, gesticular o pintar una amenaza de muerte a una –a cualquier– persona es un delito que debe ser perseguido de inmediato.

Sin embargo, hemos asistido estos días pasados al bochornoso espectáculo de una persecución judicial de una opinión, mientras que se ha ignorado el delito de amenazas de muerte a una persona; como si fuera lo mismo decir «quemar al Rey» que «quemar a la Corona»; o incluso como si esto último fuera judicialmente –como lo es en términos políticos– lo importante.

A algunos, todo lo que no les gusta les huele todavía a delito, aunque sea una simple opinión; a otros, reaccionando contra ese abuso, les parece lícito lo que no lo es.