Cita para el médico

Estoy asignado al flamante ambulatorio del Parque de Lo Morant. Hace unos meses quise pedir cita por teléfono. Cuando lo descolgaban, volvían a colgarlo con mala leche y, tras tres cuartos de hora sin dejar de marcar, acabé llamando al teléfono de urgencias.
Con muy buena educación les dije: «Sé que éste no es el procedimiento y que estoy utilizando una línea de urgencias para algo que no lo es, pero una vez que cuelgue, volveré a llamar al teléfono de atención para citas y no me volverán a colgar como llevan haciendo desde hace un buen rato».

Y así fue: conseguí cita para mi médico de cabecera para tres días más tarde (justo cuando ya casi estaba acabando de curarme la gripe), pero mi médico de cabecera tampoco estaba y el sustituto tardó hora y media en atenderme, debido al caos y al retraso que llevaba.

Moraleja: para que en nuestra ‘santa’ sanidad pública nos atiendan bien a los pacientes, lo mejor es estar sanos y no ir al médico.