Escopetazos en el patio

En Lucero vive un señor que tiene por costumbre disparar a las palomas. Cada tarde se asoma al patio del edificio, apunta y se oye un ¡clack! y un revuelo. Tiene varias armas cortas y alguna larga. Tanta diversidad armamentística me tiene anonadada. Le hemos reprendido a grito a pelado. Ni caso. Hemos avisado a la Policía, pero nunca le pillan: cuando llegan, ya se ha metido en su casita. Imagínense cuando lo encuentro apuntando a mi casa porque hay un pájaro en el tejado.