El hallazgo

Hace una semana, en el tramo de la calle Capitán Segarra, próximo a la de Padre Mariana, encontré en el arroyo de la calle un recipiente plastificado de amoniaco y lo deposité en el contenedor que corresponde a esta clase de objetos.
Si, por ejemplo, durante una madrugada pasa por allí un trasnochador cualquiera, sea un borrachín o un macarra, que, sin leer la etiqueta, ingiere lo poco o lo mucho del líquido de la botella de amoniaco, pues imagínense ustedes las consecuencias.

Entonces, al irresponsable que tira al suelo de la vía pública el recipiente del amoniaco, ¿tanto le hubiese costado depositarlo donde es debido?