Arboles añorados

La reciente tala de una de las pocas moreras que quedan en la zaragozana calle José Galiay me ha permitido recordar tiempos de arranque de la transición, cuando la ciudad terminaba en las inmediaciones de esa calle-frontera con el campo, con un puñado de moreras a las que nos subíamos para alimentar a los gusanos de seda. Dicen quienes saben de esto que su tala ha sido injusta, más estando esta última catalogada, que algo debería significar esto, digo yo.

Extraño esos árboles y me niego a acostumbrarme a prácticas municipales bárbaras, posmodernas.