Mi Guantánamo privado

Eugenio Fouz
EUGENIO FOUZ

Tengo durmiendo en mi casa un libro escrito, si no recuerdo mal, por Woody Allen y que no he leído. El título, si no me equivoco, es más o menos este: Cómo acabar con la cultura de una vez por todas. A mí me da la impresión de que, aún siendo europeo, estoy desplazado en un lugar remoto de Cuba, en otro país y en otro océano.

Parecen idiotas siendo conducidos por un dispositivo electrónico

Mis paisanos se han vuelto locos y hablan con siglas, acrónimos, abreviaturas efímeras, tacos, panchitos y sobre todo abusan de los anglicismos. La gente ahora para decir que una cosa es moderna o se lleva, dice "esto es trendy, cool o super". Todo el mundo está atontado. Tíos y tías parecen idiotas siendo conducidos por un dispositivo electrónico que tenía una función originaria de accesorio, el teléfono, para convertirse en el reloj, la cámara de fotos, el levanta sonrisas, la madre del cordero, la maquinita de pitidos, la radio y la caja de aplicaciones (se dice apps) y que nadie se atreve a llamar teléfono, sino smartphone. Antes veías a un señor, señora o señorita hablando solo y te echabas a un lado pensando compasivo, uf, este está loco. A ver, que evito el contacto visual (eye contact) no vaya a creer que le miro mal. Los más comprometidos con la causa moral se acercarían con discreción y le dirían que dejase los aspavientos, que la gente le iba a dejar de lado y tal. Ahora no te la juegas por nadie, no llamas la atención no vaya a ser el demonio y te caiga una bofetada.

Los chavales, y me refiero a los niños, ya hablan peor que el tipo ese de vocabulario limitado a cuatro frases malsonantes. La inocencia ha dejado de relacionarse con la edad infantil. Aquella tiene que ver con la señora de pueblo que sigue la tradición familiar de su abuela. Todos los críos disponen de un teléfono smartphone mejor y más caro que el tuyo, acceden a la información, los vídeos de YouTube...

En mi infancia veíamos solo dos canales en televisión. Por la noche todos dormíamos o fingíamos estar dormidos. Ahora no duerme nadie. La televisión encendida todo el santo día y toda la maldita noche. No hay tiempo para el descanso o la desconexión. Todo fluye. Infinitos canales, vídeos de meteduras de pata que un canal copia de otro. Los jóvenes de hoy nos echan en cara la falta de libertad y democracia. Tienen razón. Nos faltó libertad y nos faltó democracia, por eso las valoramos mucho más. Más que quienes no han conocido la falta de libertades.

No hay tiempo para el descanso o la desconexión

Las nuevas tendencias apuntan a un colegio de chavales sin tareas, felices y desocupados. El recreo y el juego (gamificación) son la base de la educación. El alumno ocupa un lugar predominante, sus intereses, sus motivos y sus móviles. El profesor es un guía, no un especialista. Nos olvidamos de una vez por todas de la autoridad del conocimiento. Por si no fuera suficiente, la evaluación del alumno sucede a través de la observación del profesor (quise decir orientador). No se descarta la desaparición de los exámenes. De todos modos, suspender dos materias no es un problema, con lo cual, volvemos al principio igualitario de que todos somos buenos y todo el mundo vale para todo.

Hoy parece que el título del ensayo de Allen va a cumplirse con la ayuda del pensamiento único, las ideas virales que no admiten otras tendencias, el postureo, el desprestigio de la educación, y el hecho de ponernos a todos mirando a Cuenca a Finlandia y callar las voces de la disidencia.

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