¿Un circo con dos pistas?

¿Un circo con dos pistas?

Andrés Aberasturi
ANDRÉS ABERASTURI PERIODISTA

No es fácil, cuando se mira hacia atrás sin ira, creer que las comisiones de investigación del Congreso o el Senado sirvan para algo. Pero dicho esto, pertenezco al grupo de los que creen que, pese a todo, no solo son convenientes, sino absolutamente necesarias. Pasa un poco como con las mociones de censura: ninguna de las tres presentadas hasta ahora (una por parte del PSOE, otra de Alianza Popular y la última de Podemos) ha prosperado, pero las tres tuvieron, fundamentalmente la primera, unas consecuencias y una lógica. La primera de Felipe González contra Suárez no hizo sino adelantar lo que luego pasaría. La de Alianza Popular contra Felipe González fue un intento –estrepitosamente fallido– para dar a conocer a Hernández Mancha y la última, la de Podemos contra Rajoy, llegó con prisas, sin cocer y falta de ingredientes. Pero las tres tuvieron un porqué aunque las tres fracasaran en su intento.

Con las comisiones –ya he dicho– pasa un poco lo mismo. Han sido más o menos una veintena las organizadas hasta ahora y los dictámenes finales solo han puesto en evidencia la dificultad de que sean los políticos los que valoren situaciones que ellos mismos protagonizan hasta el punto de que pactos previos han evitado incluso determinadas comisiones.

Lo de ayer en el Congreso y el Senado fue un ejemplo más. ¿Un circo? Tal vez, pero un circo con dos pistas: en la Cámara Baja todos los grupos intentaban demostrar la corrupción del PP y, en la Alta, el PP –en un intento legítimo pero lamentablemente intencionado– intentaba demostrar que ningún partido podía tirar la primera piedra en esto de la corrupción. Triste ejemplo de ventilador que lo único que consigue es desacreditar más aún a la clase política y a un sistema de financiación disparatado del que todos los históricos se han aprovechado incluso después de reformarlo.

El PP debería hacer algo que en este país es inconcebible: pedir perdón

El circo, en esta ocasión, no fue la comisión en sí; ni tan siquiera las sorprendentes amnesias o recogida de cheques a los postres para Don Manuel; la credibilidad de los comparecientes se tambaleaba cuando uno pedía rapidez porque tenía que tomarse unas pastillas y el otro porque tenía una comida a la que no quería llegar tarde. Vale. Esto es lo que hay y con ese espíritu se comparece ante una comisión de investigación del Congreso de los Diputados del Reino de España.

Recuerdo en plan efemérides lo ocurrido el 5 de abril del 94: Luis Roldán, ex director general de la Guardia Civil, comparece ante la comisión parlamentaria de investigación durante más de 12 horas. Niega todas las acusaciones. ¿Y recuerdan quién había pedido esa comisión? Pues un tal Rodrigo Rato. Sorpresas te da la vida.

No tengo ni idea de lo que saldrá de todo esto, supongo que nada práctico; pero el PP debería hacer una vez algo que en este país es inconcebible: pedir perdón, reconocer los errores (no los de Barcenas, sino los propios, los del partido mismo) y empezar de cero. No va a pasar.

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