De hecho, el calentamiento global fue el asunto más controvertido de la primera de las tres jornadas de la cumbre, con India y China, en calidad de potencias emergentes, que no esconden su escepticismo ante las propuestas sobre medioambiente de la Presidencia italiana.
Este escepticismo, que en un primer momento amenazó con hacer saltar cualquier tipo de acuerdo, fue dejado a un lado por el 'Grupo de los Ocho', que finalmente divulgó su propia declaración que dista, en parte, de la postura china e india.
En ese texto, los líderes del G-8 confirman "su voluntad de compartir con los demás países el objetivo de alcanzar una reducción de al menos el 50% de las emisiones globales antes de 2050". "En este ámbito, nosotros mantenemos incluso el objetivo de los países desarrollados de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 80% o más antes de 2050, comparado con 1990 o incluso años más recientes", reza la declaración.
La crisis, en el punto de mira
La crisis económica es otro de los principales asuntos de debate de la cumbre, en la que también están invitados países como México, Brasil o España.
Los líderes de este grupo creen que la situación económica sigue siendo incierta, a pesar de los signos de recuperación que se han registrado hasta ahora. Esto es lo que se desprende del borrador de la declaración final sobre la crisis económica que los países participantes en la cumbre del G-8 se disponen a aprobar y que ha sido filtrado a varios medios de comunicación.
El 'Grupo de los Ocho' se compromete en el borrador de su declaración conjunta a "asegurar la sostenibilidad fiscal a medio plazo" y a apoyar al Fondo Monetario Internacional (FMI) en la preparación de las estrategias para la salida de la crisis. Los jefes de Estado y de Gobierno de las siete mayores economías mundiales más Rusia apuestan asimismo por la lucha contra la evasión fiscal, para lo que reconocen la labor importante que ha de desempeñar la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
La impronta del terremoto
La canciller alemana, Angela Merkel, fue una de las primeras en llegar este miércoles a L'Aquila y aprovechó las horas que quedaban para el inicio de la reunión para visitar el pequeño pueblo de Onna, que fue uno de los más golpeados por el terremoto que el pasado mes de abril sacudió la región italiana de los Abruzzos.
Antes de trasladarse a L'Aquila, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se reunió en Roma con el presidente de Italia, Giorgio Napolitano. Al término de este encuentro, Obama resaltó el "fuerte liderazgo" que tiene Italia dentro del G-8, en respuesta a las críticas de la prensa extranjera sobre la mala organización del evento.


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