La aseguradora American International Group (AIG) pagó 165 millones de dólares (casi 128 millones de euros) en bonificaciones a los ejecutivos que hicieron las apuestas arriesgadas que tumbaron a la empresa y que forzaron su intervención pública, lo que ha causado estupor en Washington.
Es un escándalo, pero el Gobierno poco puede hacer
AIG era una de las mayores aseguradoras del mundo antes de la crisis y para evitar su quiebra el Gobierno le inyectó más de 170.000 millones de dólares (algo menos de 132.000 millones de euros), más que a ninguna otra empresa.
Por ello, la noticia de que mantendrá las primas a pesar de los errores cometidos por sus ejecutivos ha airado a la Casa Blanca y al Congreso.
"Es un escándalo", opinó Larry Summers, director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, en una entrevista concedida a la cadena de televisión ABC.
Premio por rozar la quiebra
Al mismo tiempo, afirmó que el Gobierno puede hacer poco al respecto porque las pagas extraordinarias están estipuladas en los contratos de los ejecutivos de la compañía.
"Estamos en un país de leyes, hay contratos y el Gobierno no puede abrogarlos", dijo Summers.
Paradójicamente, recibirán los premios económicos los empleados del departamento de productos financieros de AIG, cuyas apuestas en el mercado de derivados llevaron a la empresa al borde de la quiebra.
En octubre, ya acusaron a la aseguradora de gastarse parte del dinero que había recibido por parte del Gobierno en un viaje.


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