Llegó a la gran pantalla en blanco y negro. Sustituía a un conejo, de nombre Oswald, y se imponía a un caballo, un perro, un gato, una rana y una vaca. Disney le llamó Mortimer, pero gracias a su mujer cambió de nombre.
Desde entonces, todo han sido éxitos. Su cabeza y sus ojos crecieron, al igual que el cariño del público. Participó en cientos de cortos y se convirtió en una auténtica superestrella, con premio Oscar incluido.
Son muchos años en lo que no le han faltado su inseparable Pluto, y en los que se ha mantenido fiel a su querida Minnie. También en los que se intentaron imitaciones, como Farfur, el ratón palestino que moría a manos de los israelíes.

























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