¿Por qué ambientó su película en México?
Era más creíble crear allí un mundo de gansters, porque España no es un lugar tan violento. México D.F. está lleno de guardaespaldas y todo el mundo te advierte de que tengas mucho cuidado en la calle. También así llamaban más la atención los elementos de "españolidad": quería introducir una iconografía que me sigue pareciendo fascinante. Siempre será mejor vestir a Ariadna Gil con un traje de faralaes que con unos vaqueros. Y el flamenco es una música incomparable.
La película surge de mi propia vida, las mujeres que he conocido, ideas y frases de libros y, por supuesto, el cine"
Nunca sé exactamente cómo nace en mi cabeza una película: supongo que de un cúmulo de experiencias de mi propia vida, de las mujeres que he conocido, de ideas y frases que encuentro en libros y que me gusta apuntar. Por supuesto, también del cine. Mezclándolo todo terminas rodando una película sobre cuatro atracadoras.
¿Qué fue primero, los personajes o las actrices?
Los personajes, pero por muy poco. Al saber que tendría a las cuatro actrices que quería los personajes terminaron de coger forma. Eso es el cine: las películas se transforman en función de los actores. Al elegir a uno determinado, estás eligiendo el noventa por ciento de lo que será el personaje.
Además de como director, ¿actúa también como psicólogo?
No me ha pasado nunca, pero siempre trabajo con actores que además son amigos. A veces tienes que echarles una mano, pero también lo hacen ellos contigo. Y, como Coppola o Trueba, me gusta crear un grupo de trabajo que vaya más allá del rodaje. Tener un buen ambiente es muy importante, porque los rodajes son largos y duros. La gente echa de menos a sus hijos, a sus familias. En Sólo quiero caminar nos ayudó mucho la presencia de Diego Luna, el mejor anfitrión posible en el D.F.
¿Qué referentes manejó?
Aunque tengas cosas presentes y que te gustaría copiar, es imposible repetir un movimiento de cámara de algo que has visto y que funcione. Me encantaba una secuencia de steady de Uno de los nuestros, intenté meterla en la película pero no quedaba igual. En Sin noticias de Dios me pasó lo mismo: quise hacer los títulos de crédito como los de Los cuatrocientos golpes , plano por plano, en París, pero no tenía nada que ver. Era irrepetible: por algo Truffaut es Truffaut. Así que, más que de referentes, me quedo con el espíritu de otras películas.
¿Cuál fue el peor momento del rodaje?
Casi ninguno. Me daba miedo la masificación, los problemas de tráfico de México D.F, pero no hubo ningún problema.
Era muy difícil dirigir a seis actores principales, todos con personajes muy importantes"
Es muy difícil dirigir a seis actores principales. En Alatriste era más fácil: Viggo estaba siempre presente, contaba con casi toda nuestra atención. Pero aquí tenía a Ariadna Gil, Pilar López de Ayala, Diego Luna, Victoria Abril o Elena Anaya, todos con personajes muy importantes. Tuve que estar alerta de tratar bien a todo el mundo, y sabía que para ser totalmente justo con su trabajo tendría que hacer una película de siete horas.
La cinta contiene varias escenas de maltrato a mujeres. ¿Cómo valora ese problema?
Es algo repugnante, terrible, que me irrita mucho. Es una lacra que no sólo no logramos erradicar sino que incluso parece ir a más. He llegado a pelearme con un tipo, hace años, por pegar en la calle a una mujer. Me parece incomprensible.
Su ópera prima, Nadie hablara de nosotras cuando hayamos muerto, fue un enorme éxito. ¿Sigue sintiéndose juzgado por ella?
Es algo que va en el sueldo y que no me pasa a mí sólo: ¡Almodóvar y Trueba siguen recibiendo felicitaciones por ¿Qué he hecho yo para merecer esto? y Belle Epoque! Cada director tiene una película que marca toda su carrera y en mi caso fue la primera. Scorsese nunca ha podido librarse de la sombra de Taxi Driver o Coppola de la de El Padrino.
¿Le persigue a usted la sombra de Alatriste?
¡Lo pasé como dios rodándola! Tuve actores fabulosos y fue inolvidable trabajar con Viggo Mortensen. Tengo mucho cariño a Alatriste, y me gusta mucho cómo quedó. Pero había algo que sabía incluso antes de empezar a rodarla: el peso de los libros aplastaría la película.
El cine español ha sido monotemático"
Hay un factor político con el que los medios han tenido mucho que ver. Con la guerra de Irak, determinada prensa se enfrentó a algunos profesionales del cine, lo que llevó a parte de la población a "tachar" nombres. Pero, realmente, eso es algo secundario. Los principales culpables somos nosotros: durante mucho tiempo, el cine español ha sido monotemático, con historias demasiado parecidas. El cine francés, por ejemplo, ofrece siete u ocho géneros diferentes, cuando nosotros hemos apostado por dos. Pero la situación ha cambiado en los últimos años. El año que fui a los Goya con Nadie hablará de nosotras estaban El día de la bestia de De la Iglesia, Almodóvar con La flor de mi secreto y Gómez Pereira con Boca a Boca. Eran películas muy diferentes. Hay que apostar por la diversidad para recuperar espectadores. Los próximos meses van a ser buenos: lo nuevo de Trueba será espectacular, seguro que la de Almodóvar es buenísima y la de Amenábar, directamente, la leche. También viene una generación de nuevos directores interesante. El ejemplo de Bayona, capaz de hacer buen cine de terror, es fantástico. Desde los medios hay que apoyar a esos nuevos directores, que traerán una nueva mentalidad. He visto el ejemplo de México, donde la gente joven propone películas diferentes, revolucionarias. Ese es el camino.













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