Charo Torres y su hijo Juan acudieron el pasado domingo a comer al restaurante Iruña de Bilbao. Charo es invidente, y como siempre, iba acompañada de Morgan, su perro lazarillo. Entraron los tres y pidieron mesa para dos. El camarero les pidió que esperaran, y al rato, volvió adonde ellos.
"No hay sitio para el can", les dijo. Charo Torres, algo molesta, sacó su acreditación de la Once y mostró el carné de perro lazarillo, según ha contado la mujer. Ella ya había acudido al céntrico restaurante en ocasiones anteriores y nunca le habían puesto inconvenientes. "Tendría el día cruzado", aventura comprensiva Charo.
El caso es que Charo insistió, pero hasta siete veces el hostelero se negó. Entonces, la mujer pidió hablar con el encargado del local. "¡El dueño soy yo!", respondió el hombre, en tono altivo, según relata Charo. Ella es una de los 30 invidentes vizcaínos que usan perro guía.
Charo se sintió agraviada y giró sobre sus talones. Acudió con su hijo a comer al restaurante de al lado. Esa misma tarde, acudió junto a la Policía Municipal a rellenar la hoja de reclamaciones del restaurante Iruña, aunque no puso denuncia.
Los responsables del local han pedido disculpas y admiten que fue un error. Éstos afirman que finalmente sí dejaron pasar al perro de Charo, aunque ésta niega tal cosa.
La ley obliga a admitir a los perros lazarillo en restaurantes, autobuses, museos y centros públicos en general.
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