'Sionistas, si quieren este tipo de guerra abierta entonces que todo el mundo escuche: que haya una guerra abierta', dijo Nasralah a los asistentes al funeral de Imad Mughniyah, una leyenda para Hezbolá pero uno de los hombres más buscados por Israel y Estados Unidos por planificar ataques que dejaron cientos de muertos.
Mughniyah murió el martes en un atentado en Damasco. El grupo musulmán chií Hezbolá, respaldado por Irán, acusó a Israel de su muerte, lo que ha negado, aunque su servicio secreto, el Mosad, buscaba eliminarlo desde hace tiempo.
El Estado judío ha puesto en alerta máxima sus embajadas y otros recintos en el extranjero, y reforzó el despliegue de tropas en la frontera con el territorio libanés por temor a represalias.
'Tenemos el derecho, como todos los seres humanos, a la defensa propia y, con la voluntad de Dios, haremos lo que sea necesario para defender a nuestros hermanos, líderes, gente y a nuestro país', dijo Nasralah, dirigiendo el masivo funeral a través de un enlace de vídeo.
El clérigo afirmó que la investigación inicial que han hecho sobre el asesinato muestra que Israel estaba detrás de él, aunque no dio detalles.
Nasralah dijo que aunque la muerte de Mughniyah es un fuerte golpe para Hezbolá, no debilitará al grupo ni tampoco a su estructura militar, y visiblemente emocionado, destacó el importante papel que desempeñó el fallecido en la guerra de 34 días de Hezbolá contra Israel en 2006.
Tras el acto en una mezquita en un suburbio del sur de Beirut, el ataúd, cubierto por una bandera amarilla de Hezbolá, fue transportado por milicianos al lugar donde miles de personas se habían alineado bajo la lluvia, algunos llorando, la mayoría haciendo gestos de despedida.
ANIVERSARIO DE HARIRI
En un reflejo de las profundas divisiones que hay en Líbano, el funeral de Mughniyah se celebró poco después de una manifestación de la coalición gobernante antisiria, que conmemoró el tercer aniversario de la muerte del ex primer ministro Rafik al Hariri.
Una gran multitud ondeando la bandera roja, blanca y verde libanesa, se reunió bajo una intensa lluvia en la Plaza de los Mártires, en el centro de Beirut, para escuchar los discursos de los líderes antisirios, entre ellos el hijo y heredero político de Hariri, Saad.
Hariri dijo que su mano está extendida a la oposición apoyada por Siria para terminar con los 15 meses de enfrentamiento político que ha profundizado las divisiones en el país y lo han dejado sin presidente desde noviembre.
El asesinato de Hariri, el 14 de febrero de 2005, sumió a Líbano en su peor crisis desde la guerra civil entre 1975 y 1990 y llevó a la retirada de las fuerzas sirias del país. Los políticos antisirios culpan a Damasco de su muerte, mientras Siria niega tener relación con el hecho.
/Por Nadim Ladki/.*.


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