La muerte de Bhutto tras un mitin electoral en la ciudad de Rawalpindi desató una ola de violencia, especialmente en su provincia natal, Sindh, y podría llevar al retraso de las elecciones convocadas para el 8 de enero, que se esperaba devolvieran a Pakistán a una democracia civil.
Varios dirigentes mundiales pidieron al país que no se desvíe del camino hacia la democracia, a medida los temores a una mayor inestabilidad en la región de la mano del radicalismo islamista sacudió los mercados.
Miles de personas acudieron al hogar ancestral de la ex primera ministra, donde su cuerpo llegó en un avión militar acompañado de su marido, Asif Ali Zardari, y sus tres hijos: Bilawal de 19 años, y dos hijas, Bakhtawar de 17 y Aseefa de 14.
'Mostrad paciencia. Dadnos valor para soportar esta pérdida', les pidió Zardari.
Zardari informó de que su mujer será enterrada en el cementerio familiar en Garhi Khuda Baksh, un pueblo cerca de su localidad natal en el distrinto de Larkana, a las 3 de la tarde (10:00 GMT).
Bhutto, de 54 años, esperaba que el respaldo popular que disfrutaba entre la población pobre de Pakistán pudiera impulsarla a convertirse en primera ministra por tercera vez, en una elección considerada además un elemento estabilizador de un país golpeado por la violencia de grupos islamistas.
Pero cuando abandonó un mitin en el que habló de amenazas a su vida, se levantó del vehículo blindado para saludar a sus simpatizantes y un atacante le disparó en la cabeza y el cuello antes de inmolarse, causando la muerte de otras 16 personas, dijeron la policía y un responsable de seguridad.
Fue declarada muerta en el hospital de Rawalpindi, sede el Ejército pakistaní y la misma ciudad donde su padre, el ex primer ministro Zulfikar Ali Bhutto, fue ahorcado en 1979 después de ser derrocado por un golpe militar.
A través de Pakistán, un país acostumbrado a la violencia política y gobernado por militares durante más de la mitad de su vida, simpatizantes y detractores se mostraron conmocionados por la muerte de una mujer criticada por algunos como una líder que disfrutaba de la riqueza de una dinastía familiar.
'Hemos perdido a una gran líder. Esperábamos que trajera la paz a nuestra zona, pero ahora las posibilidades son muy pequeñas', dijo Noor Ahmed Khan, un electricista en la provincia de Waziristán del norte, fronteriza con Afganistán y sacudida por la violencia.
BOICOT ELECTORAL
El ex primer ministro Nawaz Sharif, antiguo rival político de Bhutto, dijo que su partido boicotearía las elecciones y culpó al presidente Pervez Musharraf, que tomó el poder en un golpe de estado militar en 1999 pero que renunció al Ejército, de generar inestabilidad.
Musharraf impuso un estado de excepción en noviembre en lo que fue calificado como un intento por detener un proceso judicial para vetar su reelección como presidente, pero decidió levantarlo a principios de mes.
Estados Unidos, que considera a Pakistán como un aliado en su lucha contra al Qaeda y los talibanes en la vecina Afganistán, había apoyado a Bhutto como la mejor esperanza de un retorno a la democracia. La fallecida líder se educó en Oxford y Harvard.
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas denunció el ataque como un acto terrorista.
Musharraf condenó el ataque, llamó a la calma y declaró tres días de duelo, pero no hizo mención a las elecciones.
'No nos quedaremos sentados ni descansaremos hasta librarnos de estos terroristas, arrancarlos de raíz', dijo.
Con solo 35 años Bhutto se convirtió en 1988 en la primera ministra elegida democráticamente en el mundo musulmán. Gobernó hasta 1990 y fue reelegida en 1993 hasta 1996, cuando dejó el poder acusada de corrupción.
El pasado octubre regresó tras ocho años de autoexilio, y ese mismo día sufrió un atentado del que salió ilesa pero en el que murieron más de 100 personas.
/Por Nadeem Soomro/


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