"Cuando pregunté de qué se reían, buscaba la mirada del PP"

Veinticuatro horas después de haber comparecido en el Parlamento, la presidenta de la Asociación de Víctimas del 11-M habló con 20 minutos el 17 de diciembre de 2004.
¿Qué es lo primero que ha pensado esta mañana al despertar?
Lo único que sentí es la liberación de la misión cumplida. Hemos hablado las víctimas y hemos dicho aquello que llevamos sufriendo durante nueve meses.

¿Es consciente de que hizo sentir vergüenza a muchos?
Las víctimas no queremos dar pena, sino lecciones de dignidad haciendo soportar la mirada de una madre a quien abandonó la comisión, a quien no levantó los ojos para mirarme... Ni siquiera me cuestiono su actitud, es la misma que han mantenido durante nueve meses. Sólo les hemos servido para la palmadita en la espalda y para lanzarse, bajo sus banderas partidarias, a nuestros muertos y heridos.

Cuando levantaba la mirada del papel, ¿intentaba buscar los ojos de alguien?Cuando pregunté de qué se reían, qué jaleaban, qué vitoreaban mientras hablaban del asesinato de mi hijo y 191 personas más, buscaba la mirada del Partido Popular.

¿Se la devolvieron?
Los señores Zaplana y Martínez Pujalte siguieron leyendo la prensa, ignorando que yo estaba en la tribuna.

¿Se sintió ofendida? No. El daño que se me puede hacer me lo hicieron el 11 de marzo.Tenía muchos corazones abrazándome.

¿Sintió alguna mirada desarmada o tierna?
Había una señora, detrás del señor Rubalcaba, que lloraba con hipo. Los periodistas lloraban. Jordi Jané, de CiU, me miró emocionado.El señor Llamazares se tapaba la cara con la mano, abrumado quizá por mis palabras. Hubo corazones cálidos allí.

¿Esperaba algo más del PP?
No. De la comparecencia del señor Aznar recibimos la afirmación de que el 11 de marzo fue su «peor día político», pero fue el peor de nuestras vidas.

Usted pidió a los miembros de la comisión «un segundo de clarividencia». ¿Qué debería contener ese instante?
Les pedía que se pusiesen del lado de acá, que pensaran como padres despidiéndose de su niño, como yo hice de mi niño chico, con un beso, y pensaran que llevo nueve meses esperándole.

Los parlamentarios se disculparon unánimente. ¿Cree que va a cambiar el juego?La sociedad se lo va a exigir. Tengo el móvil colapsado de mensajes de personas que me dicen que escucharon en el Parlamento lo que ellos quisieran decir.

¿Cómo les ha tratado la Casa Real? En los primeros días nos envió un mensaje de condolencia. La Casa Real se ha sentido cercana a nosotros en todo momento.

¿Incluso durante la boda del Príncipe?
Sufrimos el famoso Bosque de los Ausentes. Hasta el nombre nos dolía. Ellos no tuvieron la culpa de que se hiciera un mausoleo que nadie pidió.

Dicen de usted que está «manchada» para hablar porque es de CC OO y de Izquierda Unida.
Estoy orgullosa de haber defendido los derechos de los trabajadores en un lugar tan complicado como el Ministerio de Defensa. A esos señores les diría que pregunten al estamento militar. Recibirían una lección, porque gente lejana a mi ideología me ha mandado las cartas más tiernas.

¿Se atrevería a enunciar un mensaje para uno de los autores de la matanza?
Le diría que incluso una vida tan vil, tan rastrera y mala como la suya merece vivirse.

¿Están personados en la causa judicial?
La asociación no lo está aún. Yo sí lo estoy desde que la Audiencia Nacional me comunicó la apertura de la causa penal por el asesinato de mi hijo. Queremos convertir algunas responsabilidades políticas en penales.

¿Le quedan sueños?
No sueño nunca. Las noches son de no existir. Deben ser así, porque si no descansara, me habría vuelto loca.

¿Le asaltó ese miedo alguna vez?
Estoy loca de dolor. Debo descansar para que el agotamiento mental no me domine, y para eso necesito tratamiento psiquiátrico. Perder un hijo así es lo más parecido a la propia muerte.

DANIEL IRÁ A GRECIA

Daniel Paz Manjón cumpliría el domingo 21 años. Sus cenizas las tiene Pilar, su madre. Veinte kilos más delgada, siempre de negro («no es luto, es mi grito silencioso contra la guerra»), todavía tiene en casa las cenizas de Daniel. No había encontrado un lugar para ventearlas, porque «no hay sitio en el mundo lo suficientemente bonito para mi niño», pero ahora sabe su destino: Grecia, el país del que estaba enamorado el muchacho.

Daniel tenía un hermano del alma: negro, árabe y musulmán. Se llama Camacho Mami, tiene 23 años y vive en los campamentos saharahuis de Tinduf (Argelia).Vivió muchos veranos acogido por la familia, y era su mejor amigo.Cada 15 días llama por teléfono a Pilar. «Mi hijo era tan inocente como los que caen en Palestina o Faluya».
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