Su regreso tras siete años en el exilio, recientemente en Londres, suponía una confrontación con el general Musharraf, jefe del Ejército que derrocó a Sharif en 1999 y le expulsó a Arabia Saudí el año siguiente.
'Ha sido deportado, ha sido enviado a Yedah', dijo un responsable de seguridad que no quiso ser identificado.
Sharif fue arrestado en medio del barullo en la sala de espera del aeropuerto donde él y sus seguidores fueron llevados tras una tensa espera de 90 minutos en el avión en el que volvía a su país.
Poco antes de su arresto, Sharif dijo a Reuters que estaba feliz de volver a casa: 'Es un sentimiento genial. Hasta ahora ha ido bien, pero más allá, allí fuera, no lo sé', dijo en la sala del aeropuerto, señalando la salida.
Anteriormente, las fuerzas de seguridad habían sellado el aeropuerto de Islamabad para impedir que se acercaran los seguidores de Sharif y en varios puntos de la ciudad se registraron disturbios.
Los manifestantes, con banderas y retratos de Sharif, lanzaron piedras contra la policía y corearon 'Musharraf vete'.
El abogado británico de Sharif, Amjad Malik, que acompañó a su cliente desde Londres, pidió calma: 'La población de Pakistán debería mantener la calma y entender lo que le ha ocurrido a su ex primer ministro'.
Sharif se vio salpicado por acusaciones de corrupción durante sus dos períodos como primer ministro en los años 90. Un tribunal anticorrupción reabrió el mes pasado tres casos contra él a petición del Gobierno.
El Tribunal Supremo dijo el mes pasado que Sharif tenía derecho a volver y que el Gobierno no debería impedírselo.
Antes de su llegada, las autoridades habían detenido a unos 4.000 seguidores de Sharif y varios líderes de la Liga Musulmana de Pakistán, incluyendo a su presidente, además de a tres líderes de una alianza religiosa aliada, dijeron fuentes del partido.
Musharraf envió a Sharif a Arabia Saudí en 2000 en virtud de lo que el Gobierno dice que fue un acuerdo para un exilio de diez años. A cambio, evitaba una condena perpetua por cargos de secuestro y corrupción.
El Gobierno dijo que al volver estaba rompiendo su palabra en un momento en el que Pakistán necesitaba estabilidad ante las elecciones presidenciales que están previstas para antes de final de año.
/Por Sophie Walker/


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