La basílica de Jerusalén, donde se sitúa el lugar de la muerte de Cristo, podría cerrar a partir de la próxima semana a causa de una deuda de 2,6 millones de euros con la compañía israelí de agua, según informó el viernes el diario Maariv, a la que habría que sumar los intereses.
La semana pasada, Haguijón, la empresa encargada del suministro, consiguió congelar las cuentas del Patriarcado Greco-Ortodóxo después de que en 2004 les enviaran una factura millonaria. El Patriarcado nunca había pagado por el agua a las autoridades desde que el Santo Sepulcro se edificase en el siglo IV y en 1969, dos años después de la ocupación israelí de la parte oriental palestina de Jerusalén, habían llegado a un acuerdo tácito con el Gobierno israelí para continuar con la tradición. Por ello, interpretaron la notificación anterior como un error.
Se ha iniciado una batalla diplomática que busca el apoyo de EE UU, Rusia, Jordania y Grecia Tras la congelación de la cuenta, las domiciliaciones, líneas de teléfono e incluso los salarios de los empleados aparecen como impagados. Para el patriarca Teofilos III, que ha amenazado con cerrar el Sepulcro, esta actuación es una "declaración de guerra" ya que desde la basílica aseguran que la empresa se había comprometido a no tomar ninguna acción unilateral para solucionar el conflicto. Mientras tanto, fuentes de Haguijón han defendido que "nos hemos comportado con ellos con sensibilidad, pero no podemos hacer excepciones y eso tienen que entenderlo. El Estado de Israel tiene derecho a cambiar las leyes".
Por eso, Teofilos III ha iniciado una batalla diplomática que ha comenzado con una reunión el pasado jueves con los representantes del cristianismo. También ha enviado una carta al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y al presidente, Simón Peres, en la que denuncia que la medida "socava la santidad" de un lugar de "peregrinación masiva" y que pretende hacer llegar al presidente de EE UU, Barack Obama; y entregar otras en mano al líder ruso, Vladimir Putin; al rey de Jordania, Abdala II, y al primer ministro de Grecia, Andonis Samarás.


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