Tras 35 años de relación, Camilla Parker Bowles ha pasado de ser una persona normal y corriente a convertirse en la segunda mujer en categoría de la familia real tras la reina.
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Miles de seguidores de estos acontecimientos hicieron ondear banderas y gritaron cuando los recién casados salieron del brazo del ayuntamiento donde contrajeron matrimonio, en una mañana fría en la localidad de Windsor, al oeste de Londres, tras lo cual se dirigieron al cercano castillo de Windsor.
'Muchas gracias', dijo Carlos a la multitud, según pudo leerse en sus labios, mientras que Camilla, vestida con un abrigo de seda color marfil que cubría un vestido de gasa, resplandecía de felicidad.
El heredero al trono, una vez unido al amor de su vida, espera ahora que los británicos, que tanto adoraron y aún veneran a la difunta princesa Diana, aprendan a aceptar a su esposa.
Las encuestas muestran el rechazo público a que Camila - a la que se responsabiliza de la ruptura de Carlos y Diana - sea reina, pero el sábado todo fueron buenos deseos para la pareja.
'Se merecen algo de felicidad y realmente hacen muy buena pareja', dijo la canadiense Jane Handa, con una bandera británica en la mano.
Uno de las presentes portaba un cartel en el que podía leerse: 'Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra'.
Sin embargo, en medio de los gritos de alegría, un pequeño grupo de personas proclamaba con una pancarta: 'Ilegal, inmoral, vergonzoso'.
DIFICULTADES SUPERADAS
Tras una serie de acontecimientos que parecían malditos, la pareja pudo por fin casarse. Primero, tuvieron que cambiar el lugar de la ceremonia del castillo de Windsor al ayuntamiento, luego la reina se negó a asistir a la ceremonia civil. Finalmente, el funeral del Papa obligó a posponer un día la fecha de la boda.
La boda civil, a la que asistieron los dos hijos del heredero del trono, los príncipes Guillermo y Enrique, se produce ocho años después del fallecimiento de la primera esposa de Carlos de Inglaterra, Diana de Gales, que siempre responsabilizó a Camilla del fracaso de su matrimonio.
Después de la ceremonia civil, se pasó a la capilla de San Jorge del castillo, donde el arzobispo de Canterbury bendijo a los recién casados, que se arrepintieron de sus pecados y prometieron fidelidad.
Luego hubo un banquete para los 800 invitados, después de lo cual el matrimonio partirá de viaje de novios a Escocia.
Las medidas de seguridad se reforzaron en torno al castillo, situado a unos 40 kilómetros al oeste de Londres, con policías armados en los tejados y agentes camuflados entre una multitud estimada en 20.000 personas, frente a los 600.000 que tomaron Londres en 1981 cuando Carlos se casó con Diana.


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