Jesús iba para publicista. La taberna familiar abierta en pleno corazón de El Palo (Juan Sebastián Elcano, 13) daba, gracias a las gambas al pilpil (al pimpi, en paleño) de su madre, suficiente dinero para permitirle soñar. Pero a mitad de la carrera su padre murió y Jesús tuvo que aparcar los libros para sustituirlo detrás de la barra.
Igual que los grandes de la escena, que impregnan de sí mismos todo lo que tocan, Jesús convirtió su taberna en algo único.
Decidí rodearme de todo lo que me gustaba: mi música, mis fotos con las estrellas que admiro. Siempre que puedo voy al teatro, y si me conmueve lo que veo, no puedo evitar ir al camerino para decírselo al artista. He entrado en todos los camerinos del mundo...».
Las paredes están cubiertas de fotos de Jesús con grandes del flamenco, la ópera, la copla. A él le gusta estar detrás de la barra para verlas, pero también para dirigir la función, para dialogar con los clientes a través de los sabores y la música. No es raro que la clientela baile y cante apretujada tras la barra. Por Miguel de Molina o por Renato Carosone. Por lo que decida el maestro de ceremonias. Él sabe que es un artista, que su público le espera y adora. Nunca decepciona.




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