Los hechos se remontan al año 2000, cuando el matrimonio accedió a trasladarse a Mataró, donde residía su hija. Además, aportaron más de la mitad del importe en la compra de una vivienda que pusieron a nombre de la hija y cuyo usufructo se reservaron. Los ancianos aportaron el dinero bajo la promesa de que recibirían de la hija los cuidados que precisaban.
Sin embargo, la mujer no cumplió su compromiso y sus padres volvieron a Mataró demandándola. Dicha demanda fue desestimada en primera instancia, aunque ahora la Audiencia de Barcelona considera que la aportación de los ancianos fue «viciada por la promesa de la hija para cuidarles, algo que no tuvieron».


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