El telescopio descubrió un anillo de polvo cósmico alrededor de un púlsar, que es lo que queda de una estrella después que haya explotado.
Los expertos acudieron a la figura del ave fénix para explicar el fenómeno, puesto que el descubrimiento significa que los planetas surgen a partir de las cenizas de una estrella.
De confirmarse, el hallazgo supondría una revolución a la teoría de que los planetas nacen de los escombros que desprenden las estrellas jóvenes al nacer.
Además, significaría que la formación de nuevos planetas es mucho más común de lo que se pensaba.
Un fenómeno universal
"Estamos asombrados de que la formación de planetas sea un fenómeno tan universal", aseguró Chakrabarty.
"Los púlsares emiten una gran cantidad de radiación, y aún en este entorno tan duro se forma un disco de polvo cósmico que se asemeja mucho a los que hay en torno a las estrellas jóvenes cuando nacen", dijo Chakrabarty.
Sin embargo, explicaron los investigadores, resulta complicado pensar que estos cuerpos celestes puedan albergar vida.
Para el astrónomo del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA Charles Beichmann, en estos planetas no hay condiciones atractivas para la formación de vida.
"Deben de estar entre los lugares más hostiles de nuestra galaxia", dijo.
Los cielos de estos lugares tan poco idílicos estarían iluminados por la aurora del púlsar y la temperatura sería bastante caliente, según opinaron los expertos.
Hasta ahora, no se había podido demostrar que esos planetas surgieron del anillo de escombros cósmicos que había arrojado la explosión de la estrella.
El púlsar observado por el "Spitzer", llamado 4U 0142+61, se encuentra a 13.000 años luz, en la constelación Casiopea.
Se cree que antes fue una gran y brillante estrella, con una masa 10 o 20 veces mayor que el Sol y que vivió durante 10 millones de años hasta que hace unos 100.000 años sucumbió bajo su propio peso y estalló en una explosión supernova.
Los púlsares son estrellas de neutrones que nacen tras una supernova y son increíblemente densas. Tienen masas de 1,4 veces la del Sol concentradas en un cuerpo de 16 kilómetros.
El resultado de la investigación aparecerá en la edición de la revista Nature que se publica mañana. Otros autores del artículo son Zhongxiang Wang y David Kaplan, ambos del MIT.
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