Empezaron hace ya un par de décadas con esos restaurantes que tanta gracia nos hacían. Eran una alternativa curiosa y económica con un punto de exotismo.
Al poco surgieron con las tiendas de todo a 100, un negocio bien útil para encontrar en un mismo lugar esos pequeños accesorios del hogar a un precio ajustado.
Un tipo de tienda que se ha ido ampliando hasta llegar a ser en ocasiones grandes superficies donde podemos comprar desde menaje hasta alimentación o ropa.
Los chinos siguen abriendo su campo de acción y ahora montan hasta fruterías o bares de tapas. Libre comercio, sí.
El hostelero Chen-Dong puede ponernos ya en su mesón unos callos a la madrileña y hasta una paella. A mí no me convence; me quedo mejor con el tres delicias... y con el chino de la esquina para cuando tenga un apuro.
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