El caso más espectacular es el del picudo rojo, un pequeño escarabajo que está poniendo en serio peligro los palmerales europeos, incluido el maravilloso de Elche, declarado patrimonio de la humanidad. Allí, más de 3.500 palmeras deberán ser taladas e incineradas para intentar controlar una virulenta plaga que acaba con el 80% de los ejemplares afectados y que amenaza de muerte a 500.000 de sus palmas más hermosas.
La enfermedad se ha extendido por Murcia, Andalucía y Alicante, e incluso acaba de ser detectada en Canarias. En todos los casos, la llegada del mortal gorgojo, de origen asiático, es la misma. Viene en palmeras contaminadas importadas, principalmente, de Egipto, cuyo desierto estamos dejando literalmente sin oasis para adornar las colmenas turísticas que construimos masivamente por toda la costa.
Nuestra sociedad está enferma de estrés. La paciencia ya no es una virtud, sino un defecto que reduce nuestra competitividad. Somos incapaces de plantar una semilla y esperar a que crezca para que algún día dé sombra a nuestros hijos y nietos. Lo queremos todo rápido y grande, aunque somos unos chapuceros. No hacemos controles fitosanitarios y, con la víctima, traemos también a sus verdugos. Acabaremos con nuestros palmerales y con los del Magreb, pero no importa. Compraremos más. Para algo vivimos en una sociedad de consumo. Feliz Navidad.




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