Víctimas invisibles

Pero deseo ahora recordar a todos esos niños y niñas que son víctimas, al lado de sus madres, de este crimen. No pueden imaginarse la ansiedad que estos pequeños experimentan, el temor que tienen a sufrir daños o a que sus madres sean heridas, golpeadas o asesinadas.

Difícil imaginarse la tristeza que sienten al ver a sus madres víctimas de estas agresiones, o pensar en el estado depresivo que desarrollan en la infancia al creer que su situación es irremediable y ante la impotencia de no ser capaces de proteger a sus madres.

Los hijos e hijas de la violencia viven con miedo, se sienten en soledad. Sólo quienes son sobrevivientes de este horror conocen el profundo estremecimiento del aislamiento en el entorno escolar y social, cuando en la infancia se intenta mantener el secreto de una vida de rota. Hoy quisiera reivindicar el derecho de todos esos niños y niñas a vivir libres de miedo y de violencia. Que sepan que la vergüenza la debe sentir quien agrede, quien maltrata.