Tallas especiales

Me he acordado de esas tiendas mientras desayunaba noticias como el informe de la ONU sobre el hambre en el mundo o el creciente índice de obesidad de la población valenciana.

Seis millones de niños mueren al año por malnutrición en países en desarrollo y, curiosamente, quienes consiguen mejorar sus condiciones en esos lugares acceden a una dieta que aumenta el riesgo de obesidad. Mientras, nuestro entorno es rico en grasas, ansiedad y sedentarismo, cosa que dispara la hipernutrición y al tiempo incrementa el riesgo de anorexia y otros desórdenes que matan y desesperan a muchos de nuestros jóvenes.

Si erradicar el hambre es una cuestión de justicia social, la educación para una alimentación equilibrada es una garantía de salud pública en todo el mundo. No actuar sobre ello fortalece las contradicciones que conducen a dos extremos peligrosos. Y ambos siguen siendo problema nuestro.