H ace ya una década que el entonces edil del Consistorio de Alicante, subalterno de Zaplana y hoy jefazo de la Ciudad de la Luz, José María Rodríguez Galant, prometió un centro de salud en el solar a tres calles (Capitán Dema, San Agatángelo y Foglietti) del barrio de Benalúa, aderezado de otras seductoras (y urgentes) proposiciones para las que aún sigue pendiente ese primer pedrusco con cinta, risa y reportaje que envuelve toda inauguración.
Como chivato mudo y puteante de la inmortal promesa, el cartelito blanco de metal prosigue ahí: «Terrenos ofertados (o cedidos, o lo que sea) por la Generalitat Valenciana al Ayuntamiento de Alicante para un centro social, juvenil y de la tercera edad», que ya irá por la cuarta o la sexta.
Es lo que tiene la propaganda y los mass-media. Deja un partido un anuncio del superbombo o regala un viaje a la Atlántida para embaucar votantes y, si no cumple, acaba en conejo puro, excepto entre los amigos, parientes y colocados. Deberían quemar las hemerotecas. O Internet. O los anuncios.



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