Una historia de violencia

Una historia de violencia - Cartel
Título V.O.:
A history of violence
Año de producción:
2005
Distribuidora:
Tri Pictures
Género:
Thriller
Clasificación:
No recomendada menores de 18 años
Estreno:
21 de octubre de 2005
Director:
David Cronenberg
Guión:
Josh Olson
Música:
Howard Shore
Fotografía:
Peter Suschitzky
Intérpretes:
Stephen McHattie, William Hurt, Viggo Mortensen, Maria Bello, Ed Harris, Ashton Holmes, Heidi Hayes, Greg Byrk, Peter McNeil

Fotogramas de la película

Sinopsis

Tom Stall lleva una vida tranquila en una pequeña ciudad hasta que su existencia idílica se ve destrozada cuando frustra un violento intento de robo en su restaurante. Tom percibe el peligro y salva a sus clientes y amigos matando en defensa propia a dos criminales buscados por la justicia. Aplaudido como un héroe, la vida de Tom cambia de la noche a la mañana y de repente se encuentra convertido en el centro de atención de todos los medios de comunicación. Incómodo con esa fama no buscada, intenta volver a su vida normal, pero un hombre amenazante y misterioso llega a la ciudad paraenfrentarse a él porque cree que Tom es el hombre con quien tiene una cuenta pendiente del pasado. Viggo Mortensen (El señor de los anillos) y Maria Bello (The Cooler) interpretan a la pareja protagonista de la película del realizador canadiense David Cronenberg (Spider, Inseparables), un drama psicológico sobre la naturaleza de la violencia y la identidad. Se suman al reparto Ed Harris (Pollack) y William Hurt (El besode la mujer araña), dos actores americanos con los que el director deseaba trabajar desde hacía años. El film cuenta con guión de Josh Olson y está inspirado en la novela gráfica de John Wagner y Vince Locke.

Crítica

Pululan fantasmas por la última película de Cronenberg, los de la civilización con c grande y lustrosa, la mala conciencia de un sistema/sistemas, forjado/forjados a base de violencia y litros de sangre. No hay alta cultura cimentada en fraternidades y armonías. Ya lo decía Orson Welles subido a la noria de El tercer hombre: siglos de paz y convivencia contemplan a la ejemplar Suiza ¿Resultado? El reloj de cuco. Bien podría llamarse el filme de Cronenberg Una historia de la violencia, porque al fin y al cabo nos movemos en ámbitos microcósmicos, en la marea de una descomunal parábola sobre la muerte del sueño americano, que es el de cualquier nación civilizada del primer mundo, cinismos a parte, y las raíces de la cultura del golpe como ladrillo primigenio de la convivencia. La familia Stall es un polvorín extrapolable, y su despertar a la sinrazón del puño y la pistola no es sino antecedente del descubrimiento padre: la necesidad de asumir ese caudal de violencia, y reconstruir su minúsculo "estado" desde las cenizas de ese tremebundo desvelo. Atroz el instinto caníbal de Cronenberg que arrastra y devora al compás de una vorágine incontenible de caos y desequilibrio que maneja con desarmante clarividencia la dicotomía violencia legítima/ilegítima, mientras juega con convenciones de mil géneros, ensamblando un todo pasmoso e incandescente que tiene mucho de arma psicoanalítica arrojadiza. Podría ser un western, un thriller, o un dramón metafísico, pero es todo ello y más, como lo era aquella bomba de precisión firmada por John Sturges que llevaba por título Conspiración de silencio. En Una historia de violencia pesa mucho más lo implícito que lo explícito, lo inefable que lo tangible. Más allá de los márgenes de esa incontenible espiral de perdición, destartala la subjetividad de cada cual, del padre con un pasado que se empeña en aporrear la puerta hasta reventarla, la madre que ha diseñado su utopía con escuadra y cartabón, hasta que le explota en las manos, y el hijo que rumia el terror y el sinsentido desde los atónitos ojos de quien ni quiere ni puede creer lo que desfila ante sí. Una progresión dramática nitroglicerínica que estalla desde lo desconocido, desde las dobleces de lo incierto hacia un climax prácticamente perpetuo e irrespirable, que fluye desde los dominios de la inocencia falaz e imposible. Además se esboza la clásica marcha atrás de un superviviente redimido que tiene que zanjar heridas abiertas en un pasado habitado por sombras, pero quedarse en esa ejemplar carcasa genérica es permanecer en el umbral de la puerta. El trayecto es de largo recorrido pero opera salvaje en el subconsciente con una estructura agresiva que mina la resistencia de cualquiera introduciendo progresivas y criminales dosis de irracionalidad: el asalto al restaurante de dos matarifes psicóticos -que no es sino el desencadenante del drama que despega sucesivamente-, la despreciable presencia de Ed Harris, que es el inquilino que nadie quiere en cualquier virginal cotidianeidad, la bofetada de Tom Stall (enorme Viggo Mortensen) a su vástago y el abismo que entre ellos se abre desde entonces, el encuentro/desencuentro salvaje en las escaleras entre los dos cónyugues, cuando los instintos afloran sin solución de continuidad, el tiroteo en el jardín de los Stall, sencillamente brutal, o el inmisericorde plano final de la tregua, los silencios, las miradas culpables y el armisticio, que no es sino la miniatura de cualquier pacto comunitario, social... nacional, para poner buena cara, hacer la vista gorda, olvidar la inmoralidad de los cimientos y seguir adelante, aún a costa de una limpieza, una pulcritud irrecuperable. Una historia de violencia es un puñetazo en la yugular, el mejor Cronenberg de siempre, una obra maestra que ocasiona daños colaterales y que trabaja en consciente y subconsciente acorralando fragilidades e invocando jaque-mate al papanatismo de la felicidad envasada al vacío. En una palabra: descomunal.

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