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Juegos de mujer

Juegos de mujer - Cartel
Título V.O.
:
Head in the Clouds
Año de producción:
2004
Distribuidora:
Manga Films
Género:
Drama
Clasificación:
Pendiente por calificar
Estreno:
12 de octubre de 2005
Director:
John Duigan
Guión:
John Duigan
Música:
Terry Frewer
Fotografía:
Paul Sarossy
Intérpretes:
Stuart Townsend, Penélope Cruz, Charlize Theron, Thomas Kretschmann, Daniel Gillies, Hervé Desbois, Sophie Desmarais, John Jorgenson, Mark Antony Krupa, David La Haye
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Fotogramas de la película

Sinopsis

Guy Malyon, un joven irlandés, y la bella Gilda Bessé se trasladan al parisino barrio de Montmartre, donde comparten piso con Mia, una española que viene huyendo de la Guerra Civil. Con el creciente poder de los fascistas en el periodo de entreguerras, tanto Guy como Mia parten para luchar contra ellos, dejando a Gilda sola y sintiéndose traicionada. Años más tarde, Guy regresa al París ocupado como miembro de una organización clandestina británica y descubre que el carácter hedonista de Gilda la ha llevado al bando nazi. La oscarizada Charlize Theron (Monster) se pone en manos del director y guionista John Duigan (La primera experiencia, Sirenas), que regresa tras dos años en blanco con "Juegos de mujer" un film que él denomina como "drama romántico", rodada en Montreal, París y diferentes localizaciones de Inglaterra. Para completar el reparto, el director ha contado con los emergentes Penélope Cruz (La mandolina del capitán Corelli), Stuart Townsend (La liga de los hombres extraordinarios)y Thomas Kretschmann (El pianista).

Crítica

Clásica y arquetípica pieza de época de cartón piedra, Juegos de mujer (horrorosa "traducción" del original Head in the clouds), tiene todos los ingredientes consustanciales al dramón épico historiado, pero nada de su esencia y, mucho menos, de sus razonables virtudes. John Duigan tiene demasiada lana que tejer y el resultado final es una madeja deshilachada y compulsivamente tópica, que no es ni la mitad de provocativa de lo que quisiera ser. Sabe, el director, que maneja hechuras de superproducción y que, por tanto, debe aligerar el congénito libertinaje y la ambigüedad sexual de su heroína. Por eso la cinta siempre sabe a light, a tormentón emocional de perra gorda. No salpican demasiado, niabruman, las deficiencias de una narración discreta, espantosamente convencional, pero, con todo, llevadera y encajada con cierta agilidad a salto de mata. La reconstrucción, la evocación, propiamente histórica es, hablando en plata, de mercadillo; los atavíos de Penélope Cruz rebosan folclorismo cordobés de superproducción americana del año de la polka y el París de Entreguerras es digno de Barrio Sésamo: una sola calle tipo Montmartre con un horizonte de Torre Eifel que tira de espaldas de puro artificioso. Parece evidente que las limitaciones presupuestarias obligan a tirar de cuatro trastos para modelar, en interiores mayormente, la Ciudad de la Luz de sus días de oro. Deficiencias artesanales que no serían sino anecdótica minucia de no resultar todo tan cansino, reiterativo y falto de inercia propia. Duigan se permite el lujo de antipatizar a Charlize Theron dibujándola como una hedonista sin ideales, perdida entre los pliegues de su ego y su absoluta falta de compromiso con los convulsosavatares de aquella Europa, pero esta es una película de dos más dos igual a cuatro, donde al final todo sigue las pautas del cliché, y la bella Chalize acaba siendo orgullo de los paladines franceses de la libertad. No digo más para no dar pistas, que poca falta hacen para proyectar el desenlace con preocupante antelación. Juegos de mujer se deja ver si uno no ejerce de exigente, pero deja mucho que desear, y no se puede decir que Charlize Theron, actriz de ésas a la que le sobra un Oscar en su currículum y algún elogio de más, enmiende la plana, porque aporta lo justo sin alardes, cuarto y mitad de lo mismo para Penélope Cruz que, como es ya costumbre en sus trabajos internacionales, se deja fotografiar y basta. Mejor que mediocre, que no es poco a la luz del resultado global, es el concurso de Stuart Townsend, más conocido por su efímera presencia en el plató de El Señor de los Anillos; Peter Jackson lo fichó para ser Aragorn, pero cambio de idea sobre la marcha. Se debe estar acordando todavía de la madre del director neocelandés viendo cómo le ruedan las cosas a Viggo Mortensen, su sustituto. Esa es la frontera entre el éxito y el fracaso.

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