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La escleritis, una enfermedad muy dolorosa que puede provocar la pérdida de la visión

Las pupilas del ojo humano se contraen cuando hay más luz y se dilatan cuando hay poca luz.
Un ojo humano.
Pxfuel

Hay muchas patologías que pueden provocar dolor y envejecimiento en los ojos. La mayoría de ellas no son graves, y se solucionan por sí solas o con tratamientos sencillos sin provocar mayores secuelas. No obstante, se trata de un síntoma que no conviene ignorar porque otras de sus posibles causas, como la escleritis, pueden provocar incluso la pérdida de la visión.

¿Qué es la escleritis y por qué se produce?

La escleritis es una inflamación de la esclerótica (la parte blanca del ojo) que provoca que esté enrojecida, sensible o incluso dolorosa. Puede afectar a la parte anterior del ojo o a la posterior, aunque esta última es significativamente menos común.

La escleritis puede aparecer por varias causas (como traumatismos o infecciones bacterianas, víricas, micóticas o parasitarias), pero a menudo es síntoma de una enfermedad autoinmune subyacente, como artritis reumatoide, lupus o el síndrome de Sjögren.

¿Cuáles son sus síntomas?

Normalmente, los principales síntomas de la esclerosis incluyen dolor que se intensifica al tocar el ojo, enrojecimiento o hinchazón visible en la parte blanca del ojo, visión borrosa, lagrimeo abundante y un incremento en la sensibilidad a la luz (fotosensibilidad).

En instancias más raras, también puede provocar dolor en la mandíbula, la cara o la cabeza (cefalea). Si no se trata, puede terminar por provocar pérdida de la visión, parcial o incluso total.

¿Cómo se trata?

Es fundamental abordar la escleritis lo más rápidamente posible, a fin de minimizar el riesgo de que se produzca pérdida o disminución permanente de la visión en el ojo afectado.

Para ello, el oftalmólogo deberá determinar la causa concreta en cada caso, ya que el tratamiento depende de la etiología. Por ejemplo, en los casos de origen bacteriano puede recetar antibióticos.

En los casos autoinmunes, se suelen administrar corticosteroides o antinflamatorios no esteroideos para atajar la inflamación y el dolor, o si el caso es particularmente grave medicamentos inmunodepresores.

En instancias particularmente extremas puede ser necesario, incluso, recurrir a la cirugía para salvar la visión.

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